«Cada vez son más los usos clínicos de la sangre»

Elisa Luño, en la unidad de Hematología del HUCA. MARIO ROJAS

Elisa Luño, en la unidad de Hematología del HUCA. MARIO ROJAS

La hematóloga del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y profesora titular de la Universidad de Oviedo, Elisa Luño Fernández, ingresa (…) en la Real Academia de Medicina de Asturias, y lo hace hablando de una de las enfermedades que centra buena parte de su carrera clínica e investigadora: los síndromes mielodisplásicos, un conjunto de trastornos que afectan a la médula ósea y que se traducen en el funcionamiento anormal de este órgano encargado de producir las células de la sangre.

Laura Fonseca / El Comercio

-¿Cuidamos nuestra sangre?

-La gente, en general, da importancia a la sangre porque sabe que, al menos de momento, no hay posibilidad de obtenerla de manera artificial. La labor que hacen las hermandades de donantes es fundamental en la difusión de las necesidades de sangre y hemoderivados y en la captación de donaciones.

-Ya, pero algunas veces escasea.

-Sí, es verdad, porque cada vez son más los usos clínicos de la sangre. Pero la gente es muy solidaria y responde muy bien. Los profesionales que trabajamos en esto lo vemos cada día.

-Su discurso de ingreso en la Academia de Medicina se titula ‘Síndromes mielodisplásicos: citopenias que requieren de un enfoque integral’. Vayamos por partes: ¿qué son esos síndromes?

-Es un conjunto de enfermedades que tienen un fondo genético común, pero que se manifiestan de forma diferente. La médula ósea es la que fabrica las células de la sangre y los síndromes mielodisplásicos lo que producen son deficiencias de diferentes grados. Las células sanguíneas maduran de forma irregular y pueden crear lo que se llama citopenias.

-Que son…

-Algo así como la incapacidad de la médula ósea para producir hematíes, leucocitos y plaquetas. Hay tres tipos de citopenias: la anemia, que es la insuficiencia de glóbulos rojos maduros para transportar el oxígeno; la neutropenia, que puede provocar infecciones, y, por último, la trombopenia, que dispara el riesgo de hemorragias. El problema de los síndromes mielodisplásicos es que en situaciones de alto riesgo pueden provocar leucemias agudas y eso derivar en un posible trasplante hematopoyético.

-¿Qué determina que una persona tenga alto o bajo riesgo?

-Hay varias clasificaciones: una que se elaboró en 1982, otra de 1997 y una tercera, más actual, de 2012, en cuya elaboración participé como parte del Grupo Español de Citogenética. El grado de riesgo se mide a través de varios factores. Primero, por el número de citopenias; luego, por la cifra de blastos y también por las anomalías cromosómicas presentes.

-¿Cuánta gente la puede padecer?

-Se estima que se dan 5 casos por cada cien mil habitantes, pero crece mucho en mayores de 60 años. Allí podemos llegar a tener entre 20 y 50 enfermos cada año. En 2005 se consideraban un raro trastorno, pero ahora ya no. En nuestro servicio de Hematología del HUCA, más del 25% de los afectados supera los 80 años.

-¿Qué tratamiento hay, solo el trasplante de médula?

-No, no, en absoluto. El trasplante queda reservado para los casos graves. Muchos enfermos considerados de riesgo bajo ni siquiera tienen que ser tratados, sino, simplemente, controlados para ver cómo evolucionan. El tratamiento, por lo general, es a través de fármacos para contrarrestar las irregularidades en el funcionamiento de la médula. En ocasiones, también hay que transfundir sangre.

-¿Son fármacos caros?

-Son caros porque los enfermos requieren, en la mayor parte de los casos, de terapias prolongadas.

-¿Por qué escogió este tema para ingresar en la Academia?

-Fue mi maestro del Hospital de la Fe, en Valencia, el doctor Félix Prieto, quien me metió el gusanillo para investigar sobre estos síndromes. Empecé siendo residente en Valencia y seguí toda mi vida profesional interesándome por este tema.

-De padre vasco y madre gallega, estudió Medicina en Zaragoza, fue médica adjunta en el Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, y acabó trabajando en Asturias. Como hematóloga, vaya lío que tendrá usted con su RH, ¿no?

-(risas)..Bueno, yo me siento ciudadana del mundo, aunque, como llevo en Asturias desde 1978, mi corazón ya es de aquí.

-Volviendo a la hematología, ¿hay alguna fórmula para tener una sangre en buenas condiciones? No sé, consejos como los que se dan para tener un corazón sano.

-Sí, sí, claro. La vida saludable en general minimiza el riesgo de padecer enfermedades que en su evolución pueden condicionar la necesidad de soporte hemoterápico. Un ejemplo es la cirrosis alcohólica, que puede producir muchas alteraciones de la sangre. Llevar una vida saludable evita el riesgo trombótico asociado a algunas neoplasias mieloproliferativas crónicas. El tabaco está relacionado como factor de riesgo en los síndromes de la médula ósea, aunque la probabilidad de padecer una neoplasia hematológica sigue siendo en muchos pacientes impredecible.

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