El mejor espantapájaros vuela a pilas

Falco Robot

Falco Robot

Se considera al azor (Accipiter gentilis) como un auténtico maestro del vuelo y un audaz e infatigable cazador. Audaz porque es de las pocas rapaces que se atreve con especies de gran tamaño, como los cuervos, e infatigable porque persigue sin descanso a su presas. El resto de las aves, conocedoras sin duda de su fama de temible depredador, se alejan aterrorizadas cuando ven su silueta recortada en el cielo. Y es que este animal, definido por los ornitólogos como la máquina perfecta, puede ahuyentar grandes bandadas de pájaros con su sola presencia. Y fue precisamente esta capacidad para infundir miedo, lo que llevó a Paolo Iori a idear un robot que emulara a esta formidable ave de presa.

La naturaleza es sabia y sus modelos, de eficacia probada ¿Por qué no aprender de ella e imitarla construyendo sistemas que encajen de forma armónica? Éste es, a grandes rasgos, uno de los principios de la biomímesis –disciplina que se inspira en las estrategias desarrolladas por la naturaleza para aplicarlas en los más diversos campos– y éste fue el enfoque de Iori, que sin duda pensó que para prevenir los bird strikes (choques de pájaros contra los aviones) más eficaz que cañones, sonidos o pirotecnia podría ser un robot con proporciones y formas idénticas a las del azor.

Las primeras iniciativas surgieron a finales de los años 60 cuando en algunos aeropuertos, como el de Barajas, en Madrid, se comenzaron a entrenar rapaces como espantapájaros. Esta idea de reconvertir el antiguo arte de la cetrería la inició el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, quien mostró que el vuelo de halcones y azores en el entorno aeroportuario ahuyentaba a las aves merodeadoras que representaban un alto riesgo para las operaciones de despegue y aterrizaje. Y este oficio medieval cambió los bosques por las pistas.

La robótica ha dado un paso más y ha reproducido en un sistema mecánico una de las aves preferidas de los cetreros, y los guantes, cascabeles, señuelos u otros aparejos de antaño son ahora baterías de litio, mandos a distancia o un software para el entrenamiento de vuelo. «Hemos creado una nueva profesión, el aeromodelista cetrero», comenta César García Rullán, presidente de la empresa mallorquina Bird Raptor Internacional, fabricante del aparato, ya que sólo un operario acreditado por la compañía puede hacer volar al azor mecánico. «El sistema basa su eficacia en que las aves crean que es una auténtica rapaz –añade– y si el robot hace un looping o acrobacias extrañas el señuelo no funciona. Ésta es la razón por la que siempre tiene que estar dirigido por una persona experta que aplique los protocolos de vuelo necesarios».

El Falco Robot GBRS (Gregarious Birds Removal System), siglas que pueden traducirse como sistema que ahuyenta a las aves gregarias, está basado en la ornitología. Su creador, Paolo Iori, asesorado por ornitólogos de la Universidad romana La Sapienza y miembros del Comité Internacional de Peligro Aviario estuvo durante muchos años desarrollando el proyecto hasta obtener un prototipo que fuera efectivo. Por su parte, la empresa Bird Raptor, con ayuda de la Universidad Politécnica de Madrid, le incorporó la tecnología aeronáutica, materializando el sistema. [...]

Vía El Mundo. Autora: Elena Soto

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