«No hay posibilidad de una explosión nuclear», asegura el físico asturiano Pablo Díez

Pablo Díez, ante la central nuclear de Zorita

Pablo Díez, ante la central nuclear de Zorita. Foto: Nacho Orejas

«No hay posibilidad de que se produzca una explosión nuclear», explicó ayer el físico ovetense Pablo Díez González, en relación a la grave situación nuclear de Japón. Sí, en cambio, puede producirse el vertido del material radiactivo del núcleo del reactor, de ahí la evacuación de todas las personas en un radio de 20 kilómetros. Díez, que se formó en Oviedo y Madrid y dirigió el apagado de la central de Zorita, en Guadalajara, indicó, además, que un incidente como el registrado en la central de Fukushima no sería posible en España, debido a que «no hay un fenómeno sísmico de la virulencia del japonés». En cualquier caso, indicó, no se producirá un accidente similar al que destruyó la central de Chernóbil, en el año 1986, aunque el accidente de Fukushima ha sido comparado, en gravedad, con el de Ucrania.

Para Pablo Díez, en Japón han confluido dos circunstancias especiales que han contribuido a agravar la situación de la planta de Fukushima. «Por un lado, ha habido un terremoto a una escala muy elevada y, después, un tsunami de grandes proporciones, que no sé si tuvieron en mente cuando diseñaron la central nuclear», indicó el físico, quien quiso dejar claro que conoce la situación por las informaciones que se están volcando a la prensa y que, por tanto, sus opiniones deben ponerse en cuarentena.

La entrada del agua del mar por causa del tsunami, indicó, afectó a los motores encargados de facilitar el enfriamiento del combustible, por lo que se han producido «alivios espurios» de material radiactivo. Se habla de unas 130 personas afectadas por la radiactividad, incluso del ingreso de tres de ellas en el hospital. No obstante, las autoridades indican que los niveles de radiactividad no son preocupantes.

Otro de los fenómenos que se ha producido en el reactor más afectado de Fukushima, el número 1, es la fusión del núcleo. Díez explicó que, debido a la pérdida de energía eléctrica y al fallo de los sistemas de refrigeración, ha aumentado la temperatura del combustible del reactor (el material radiactivo, que puede ser uranio o plutonio), lo que ha desatado «la fusión en el núcleo». El uranio se ha fundido y ha adoptado el estado líquido, el tipo de accidente más grave que se puede producir en una central nuclear.

Esta fusión conlleva, según los expertos, la destrucción del reactor. La fusión del núcleo, que no debe confundirse con la llamada fusión o fisión nuclear, implica que el material radiactivo pueda romper la vasija de cemento del reactor y que puedan producirse filtraciones.

Vía La Nueva España. Autor/a: L. Á. Vega

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