Pirámide de alimentación para la infancia y la adolescencia

Pirámide de alimentación para la infancia y la adolescencia

Pirámide de alimentación para la infancia y la adolescencia

La ciencia es clara: la alimentación y los hábitos cotidianos condicionan la salud. Pero los estudios llegan más allá y concluyen cada día con mayor fuerza que en los primeros quince años de vida se definen las pautas que condicionarán el resto. En consecuencia, vinculado a la genética, una persona configura cómo será su vida adulta y con qué bienestar llegará a la vejez, mediante la nutrición y la actividad física que mantiene en su infancia y adolescencia. Incluso se apunta que el primer año de vida y el primer año de maduración sexual son los dos momentos claves. Conocido y admitido esto, la doctora Marcela González-Gross y su equipo abrieron una nueva dimensión en las pirámides de la alimentación y su relación con el estilo de vida y la salud. El equipo configuró su propia pirámide, que ha patentado con el nombre de “La pirámide del estilo de vida saludable para niños y adolescentes”. Es una pirámide maya, sin punta, con cuatro lados que se perciben al presentarse en tres dimensiones y que se pone a disposición de la sociedad como documento público en EXERNET, la Red de investigación que auna a los principales grupos en este area en España, y que apoya la pirámide.

Desde que en 1992 se publicitó la primera pirámide de alimentos, esta fórmula ha inspirado sucesivas interpretaciones encaminadas a ayudar a los ciudadanos a configurar su alimentación, con pautas sobre la frecuencia y las raciones de alimentos de consumo diario, semanal o periódico en un lenguaje visual. Sus continuas revisiones han incluido el binomio alimentación y ejercicio, e incluso han comenzado a extrapolar los pisos piramidales concebidos para los adultos a los niños. Se tiene en cuenta que la actividad física pautada ha de estar mucho más presente en los adolescentes que en la madurez y que las necesidades nutricionales y energéticas más elevadas en la vida se experimentan durante el primer año de vida y en los meses en que el niño concluye su maduración sexual. De la primera pirámide de la alimentación de principios de los noventa, se ha avanzado a otras interpretaciones más concretas y concisas.

Es el caso de la pirámide “maya” en tres dimensiones. Para configurarla, sus creadores analizaron las pirámides y las investigaciones que relacionan los hábitos de vida con los factores de riesgo futuro. A partir de ahí, antes de definir las partes del polígono, consensuaron los principales problemas de salud relacionados con la alimentación y la actividad física de los adolescentes: exceso de peso, trastornos alimentarios, mineralización ósea y salud cardiovascular. Como indicador final, añadieron la higiene sanitaria centrada en el tabaquismo y en el consumo de alcohol. Con la suma de estos factores de base científica, se dispusieron a diseñar la pirámide con un objetivo primordial: elaborar una herramienta que posibilitara un proceso de aprendizaje continuo a escolares desde los 6 hasta los 18 años, una herramienta que les acerca desde el positivismo a la vida saludable.

Evidencias científicas determinan que los factores de riesgo de enfermedades crónicas se establecen desde el nacimiento hasta la pubertad, por lo que los esfuerzos se centran en dotar a ese periodo de vida de herramientas preventivas basadas en la alimentación y el ejercicio. La pirámide tridimensional es un ejemplo. [...]

Vía Consumer. Autora: Maite Zudaire

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