Una onda a 50.000 km/h

Las ondas del terremoto de Japón llegaron a Asturias en poco más de trece minutos a casi 50.000 kilómetros por hora. Menos de un cuarto de hora después de que la tierra empezase a temblar a 10.300 kilómetros de distancia del Principado, la estación sísmica instalada en un antiguo depósito de agua de un monte de Tineo comenzó a registrar las primeras señales.

La aguja marcó enseguida los vaivenes cortos y rápidos de las denominadas ondas P. Al momento llegaron las ondas S, con perturbaciones igual de cortas pero más duraderas en el tiempo. Minutos después, la aguja se volvió loca en un baile frenético dirigido por las ondas superficiales, las que causan los daños. Mientas tanto, en Japón, la placa del Pacífico se metía bajo la Euroasiática provocando los temblores y haciendo saltar el fondo marino, lo que ocasionó el desplazamiento de cientos de miles de millones de litros de agua. El tsunami tomaba forma y ni las barreras construidas para frenarlo pudieron hacerlo.

La caída de los mitos
Estos datos, entre otros, fueron ofrecidos ayer por el especialista en geofísica Javier Álvarez Pulgar en una charla que dio en la facultad de Geología. Una conferencia que se había diseñado inicialmente para el profesorado y luego se abrió a todo el público. Tanto fue el interés que despertó, que hubo que habilitar el aula más grande de la facultad que, aún así, se quedó pequeña.

La charla se centró en Japón, en lo ocurrido antes y después del seísmo, y sirvió para acabar con muchos mitos, como el que dice que la potencia de un terremoto se mide en la Escala Richter. En realidad, el baremo utilizado se denomina Escala Magnitud-momento, su símbolo es Mw, y, como explica Pulgar, “aunque es logarítmica como la de Richter, la intensidad de un punto al siguiente se multiplica por 32 en vez de por diez”. Es decir, un terremoto de grado nueve como el de Japón es 1.000 veces más potente que uno de grado siete. De hecho, “la Escala Richter fue diseñada exclusivamente para seísmos menores de siete grados y localizados en el área de Los Ángeles”. En este sentido, es de reseñar que el grado nueve otorgado a este seísmo “es provisional”, ya que podría aumentarse en los próximos días, al menos una décima, a medida que llegue la información recogida por las miles de estaciones sísmicas y de GPS repartidas por todo el mundo. Una red que se ha multiplicado en los últimos años y ha permitido a todos los especialistas del mundo trabajan codo con codo gracias a internet. “Sólo en Japón, hay 4.238 estaciones y en España son alrededor de 80, cinco de ellas en Asturias”, recuerda Pulgar.

El Principado no está a salvo
El profesor también ofreció algún dato interesante sobre Asturias en concreto y la Península Ibérica en general. El más llamativo es que “no estamos a salvo de que pueda haber un tsunami aquí”. Pulgar recordó que al sur del Cabo San Vicente hay un punto negro donde, en 1755, un terremoto de 8,5 grados de magnitud destrozó Lisboa y provocó un tsunami que subió por el Guadalquivir y llegó a causar daños en Sevilla. Más al sur, en la isla de la Palma, también hay peligro de tsunami, aunque no por un terremoto, sino por el desplome de una parte de la placa continental.

Tal es el riesgo en Canarias, que en EEUU han instalado boyas en la costa atlántica para, llegado el caso, poder dar la alerta de tsunami con cierta antelación. Pues bien, una ola gigante que partiera de esos dos puntos conflictivos llegaría a Asturias tras rebotar en Bretaña, lo que le haría perder fuerza. Aún así, villas como Ribadesella o Navia, junto a los pueblos ribereños de estas rías y de las de Villaviciosa y el Eo, sufrirían las consecuencias.

Otro dato curioso es que el Principado no está exento de sufrir terremotos, pero se sitúan siempre entre los grados tres y cinco de la escala. De hecho, la península es una gran roca que prácticamente navega por encima de los problemas y sin que le afecten demasiado los seísmos, que suelen ser muy profundos, hasta el punto de que hace relativamente poco se registró uno en Granada de siete grados, aunque como se produjo a 700 kilómetros de profundidad, nadie se enteró aparte de los geólogos. La única zona conflictiva es la levantina, ya que la península camina 20 milímetros cada al año hacia el Mediterráneo y la tensión se acumula en la falla murciana.

En cuanto a lo que supone un terremoto en términos energéticos, el de Japón tuvo la potencia de 30.000 bombas de Hiroshima y fue 1.000 veces más fuerte que el de San Francisco de 1989. Respecto a los tsunami, las olas pueden tener 500 kilómetros de ancho y un metro de alto en alta mar, donde viajan a 800 kilómetros por hora. Según se acercan a la costa, pierden velocidad y anchura y se concentran en altura para invadir la tierra.

Vía La Voz de Asturias. Autor: Nacho G. Pandavenes

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