Los molinos disparan falsas alertas de lluvia

Los molinos disparan falsas alertas de lluvia

Los molinos disparan falsas alertas de lluvia

En marzo, más de uno de cada cinco kilovatios/hora demandados por los españoles salió del movimiento de las aspas de un molino. Por primera vez en la historia, la energía eólica superó a la nuclear, al carbón, al gas y al resto de tecnologías y se convirtió en la primera fuente de electricidad en España. Sin embargo, esta proliferación de aerogeneradores por el país, positiva para el mix energético, tiene “efectos nocivos” más allá de guillotinar buitres leonados o afear el paisaje, según investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid.

Un estudio de estos científicos detalla ahora cómo las ondas emitidas por los radares meteorológicos rebotan en las aspas de los aerogeneradores y se confunden con precipitaciones. El resultado es que incluso un parque eólico a 100 kilómetros de un radar puede hacer “que se indique que está lloviendo cuando hace sol”, según Beatriz Gallardo, ingeniera de Telecomunicación y principal autora del trabajo, que se publica en la revista especializada Radar, Sonar and Navigation. En EEUU, esta interferencia, conocida desde hace años pero muy poco estudiada, lleva incluso a falsas alertas de tornados. Las interferencias se producen incluso con parques eólicos a 100 kilómetros.

En España, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) posee una red de 15 radares, desplegada a partir de la década de 1990, justo cuando los molinos comenzaron a multiplicarse. En 1999, había 1.415 megavatios instalados. Ahora hay más de 20.000.

Los radares meteorológicos disparan pulsos electromagnéticos, ondas, que se reflejan en la lluvia, permitiendo calcular las precipitaciones o hacer predicciones a corto plazo. Las ondas devueltas por torres o montañas se distinguen con facilidad, porque están quietas, pero no ocurre lo mismo con las aspas de los aerogeneradores, cuyas puntas alcanzan los 250 kilómetros por hora. Los radares se confunden y señalan lluvias.

Ayer, las imágenes de radar de Galicia obtenidas por la Aemet mostraban un reguero de precipitaciones entre A Coruña y Lugo, cuando no había ni una nube. “Son parques eólicos”, lamenta Gallardo, cuyo Grupo de Microondas y Radar acaba de lograr simular estas interferencias por ordenador, un primer paso para buscar una solución al problema. La ingeniera también ha trabajado en la Aemet y en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU, donde se enfrentan al mismo obstáculo. En el País Vasco se han modificado instalaciones para evitar el eco.

El ojo entrenado
El meteorólogo Marcelino Manso, de la Aemet, es más “escéptico” con el impacto de los parques eólicos en las predicciones. “Los radares necesitan un horizonte despejado, pero tampoco es para tanto”, opina. A su juicio, los programas informáticos sí pueden tragarse las falsas lluvias, pero no un meteorólogo con el ojo entrenado. Manso no firma el nuevo estudio, pero algunos de los autores estaban en su grupo cuando lo realizaron.

El meteorólogo explica que cada radar, con un radio de alcance de 240 kilómetros, cuesta alrededor de un millón de euros, sin tener en cuenta las carreteras que hay que construir para llegar hasta ellos. Para evitar interferencias, Manso pide “entendimiento” con las promotoras eólicas, para adaptar el emplazamiento de los nuevos molinos. “Nosotros ya lo hemos hecho con parques en el País Vasco”, afirma.

Vía La Voz de Asturias / Publico. Autor: Manuel Ansede

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