«Severo Ochoa me enseñó la emoción de descubrir», afirma Margarita Salas

Margarita Salas y el vicerrector de Investigación de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda, en el centro, con los alumnos de segundo de Bachillerato del IES Elisa y Luis Villamil, en Vegadeo

Margarita Salas y el vicerrector de Investigación de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda, en el centro, con los alumnos de segundo de Bachillerato del IES Elisa y Luis Villamil, en Vegadeo. Foto: E. C.

«Conocí a Severo Ochoa en el verano de 1958, en Gijón, cuando era estudiante de tercero de Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid». Aquel encuentro «fue clave» para la científica valdesana Margarita Salas, tal y como explicó ella misma ayer, ante alumnos de Bachillerato en el III Foro Comunicación y Escuela que se celebra en el Instituto de Educación Secundaria (IES) Elisa y Luis Villamil de Vegadeo.

«Conocerle fue clave para ser bioquímica y bióloga molecular. Decidió mi futuro», añadió Salas, quien ofreció una conferencia sobre la figura y trayectoria del Premio Nobel de Medicina titulada ‘Severo Ochoa: maestro y amigo».
Tras recordar que «la suerte de conocerle se produjo en una de las primeras veces que Ochoa regresó a España desde su marcha en 1936, puesto que ni a él le gustaba la dictadura ni a la dictadura le gustaba Ochoa», apuntó que, por consejo suyo, realizó la tesis doctoral en el Centro de Investigaciones Biológicas con Alberto Sols (pionero en la bioquímica española) y, después, se fue, junto a su marido, Eladio Viñuela, a realizar una fase postdoctoral con Severo Ochoa en el departamento de Bioquímica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York.
De la estancia en su laboratorio, Ochoa, también valdesano como ella, enseñó a Salas y Viñuela «no sólo biología molecular, sino también el rigor experimental, su dedicación y entusiasmo por la investigación. Con él, aprendí la emoción de descubrir», añadió. De aquella época, recordó con cariño los almuerzos, en los que «además de largas discusiones sobre ciencia, también hablábamos de música, arte, literatura y viajes».
Y es que la científica no sólo destacó que «a Ochoa se le puede considerar padre de la biología molecular en España», sino también su «sencillez» como hombre. «No le daba importancia al Premio Nobel» -que consiguió en 1959 por el descubrimiento de un enzima, la polinucleótido fosforilasa, «esencial en el desciframiento de la clave genética»- porque hacía lo que le gustaba». Tras la conferencia, por la tarde, Margarita Salas participó en la ofrenda floral ante la tumba de Severo Ochoa y visitó el museo que lleva el nombre del científico en Luarca, del que destacó la colección de fotografías en la que se repasa toda su vida.
Vía El Comercio. Autor/a: E. Rodríguez.
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