¿Es la innovación la clave para la creación de riqueza y empleo?

La innovación es para la Comisión Europea el principal factor de crecimiento de la productividad en sectores y empresas. También considera esta institución que la innovación constituye un importante instrumento para la creación de empleo.

Se refiere tanto a la innovación tecnológica como al uso más eficiente de la tecnología y los recursos existentes, así como a nuevas técnicas de gestión y organización. La innovación depende del potencial de generar, absorber o difundir conocimiento, y para ello es necesario contar con las personas con la formación y capacitación adecuada para desarrollarla.

Ahora bien, aceptando la premisa anterior como cierta, la innovación en tanto que medio para el fin de aumentar la productividad y en definitiva el PIB o riqueza, junto con el empleo, exige una reflexión de todos nosotros que demanda recordar que los recursos naturales son limitados y que el objetivo del aumento de la producción debe ser analizado desde el prisma de la sostenibilidad.

Al hilo de esta reflexión cabe destacar que una reciente encuesta del Eurobarómetro refleja que ante la subida de precios de las materias primas y de la energía y la expectativa de que continúen al alza en los próximos años, un buen número de pymes europeas han comenzado a introducir soluciones de eco-innovación, entendida como nuevos productos, procesos y soluciones que pueden contribuir a la protección del medio ambiente o a una utilización más eficaz de los recursos. Además, más del 70% de las pymes destacan la importancia de emprender buenos acuerdos comerciales y mejorar el acceso a las informaciones y conocimientos externos, incluido los servicios de apoyo tecnológico, con el fin de desarrollar la eco-innovación.

Pero además, en el ámbito de las administraciones públicas, la innovación constituye un planteamiento estratégico que permite explotar el gran potencial de desarrollo de buen número de políticas como pueden ser la energía, la sanidad, los transportes públicos, la educación o el sector agroalimentario. Y permite hacerlo introduciendo una visión sostenible y respetuosa con los recursos naturales.

La Comisión Europea en su documento «La Unión por la innovación», propone a las regiones europeas que diseñen una estrategia regional basada en la especialización inteligente, hecha a medida de nuestro territorio, basada en nuestras riquezas y potencialidades, en aquello que nos diferencie de los demás y constituya nuestra ventaja comparativa.

Si preguntásemos en Asturias cuál es el factor más importante que afecta a nuestro desarrollo económico regional y la competitividad de nuestras empresas, quizá ganaría el primer lugar la preocupación por culminar las infraestructuras de transporte que aún quedan pendientes. Pues bien, para enriquecer nuestro debate sobre esta cuestión conviene tener en cuenta que la Comisión Europea, en su V Informe sobre la cohesión subraya que «aunque un buen sistema de transporte es importante para el desarrollo económico regional, no es suficiente por sí solo para asegurar dicho desarrollo». Reconoce esta institución que «el efecto de las inversiones en transporte y otras infraestructuras como factor de crecimiento económico depende también de la capacidad de las regiones de usarlo de manera eficiente, así como de otros factores como son el capital humano y la innovación».

Cierto es que la mejora de las vías de comunicación entre regiones y países facilita el acceso a otros mercados, hecho que permite crear nuevas oportunidades de negocio y crecimiento. Pero también incrementa la competencia entre regiones, lo cual puede afectar de manera negativa a los negocios y a los trabajadores locales. El efecto final dependerá de la capacidad de cada región de explotar sus ventajas comparativas y, para ello, de introducir innovaciones que la diferencien cualitativamente (desarrollo de nuevos productos, nuevos servicios o nuevas formas de hacer o presentar lo que ofrecemos). También la existencia de un sistema educativo de calidad resulta una herramienta estratégica a estos efectos.

En otras palabras, la mejora de las comunicaciones terrestres y marítimas, de lo que llamamos accesibilidad, tiene un claro efecto beneficioso para el conjunto de la UE, en el desarrollo del mercado interior europeo, pero a nivel local y regional supone, además de la oportunidad de que nuestras empresas pueden salir a otros mercados, el reto de abrir nuestro mercado a empresas de fuera que pueden venir a competir con sus productos y servicios.

Todos nosotros debemos ser conscientes de que estamos participando en la construcción de un gran mercado interior europeo, formado en la actualidad por 27 países. Las decisiones deben tomarse analizando las implicaciones a este nivel. También debemos aprovechar esta oportunidad. Para ello, resulta indispensable que orientemos nuestros esfuerzos individuales y colectivos a conseguir una economía basada en la excelencia y para ello parece razonable centrarse en algunas prioridades en las que especializarnos y fijar algunos objetivos que sean coherentes con nuestra dimensión regional.

Por eso, ahora debemos concentrar nuestras preocupaciones en coordinar y optimizar todos nuestros recursos, públicos y privados: que nuestros centros tecnológicos y estructuras de apoyo a la innovación ayuden a las empresas asturianas en el lanzamiento al mercado de nuevos productos y servicios respetuosos con el medio ambiente, que nuestro capital humano contribuya al crecimiento regional y que la innovación impregne la gestión pública del interés general.

Vía La Nueva España. Autora: María José Rodríguez Carbajal, Jefa de la Oficina de Asuntos Europeos del Principado de Asturias

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