«¿Para qué quiero un millón?»

Perelman, en una de sus escasísimas fotografías. Foto: E. C.

Perelman, en una de sus escasísimas fotografías. Foto: E. C.

Grigori Perelman, el matemático ruso que rechazó un millón de dólares por resolver la Conjetura de Poincaré, rompe su mutismo.

Hay renuncias a la gloria que resultan tan intrigantes como la personalidad de los galardonados. El matemático Grigori Perelman desdeñaba el año pasado el millón de dólares que concede el Instituto Clay de Massachusetts por haber resuelto la Conjetura de Poincaré. Su contribución a la resolución de un problema enunciado hace más de un siglo, argumentaba, no es mayor que la de su colega estadounidense Richard Hamilton, quien indicó el camino a seguir: «No quiero estar en exposición como un animal en el zoo. No soy un héroe de las matemáticas, ni siquiera soy tan exitoso. Por eso no quiero que todo el mundo me esté mirando».
El científico ruso, de 44 años, vive con su madre en un pequeño apartamento de la periferia de San Petersburgo. Siempre ha esquivado los focos. Por eso resulta sorprendente que el hombre que en 2006 también rechazó el premio en metálico de la Medalla Fields haya roto su mutismo en una entrevista concedida al periodista y productor de cine Alexandr Zabrovski, que reproduce el periódico ‘Komsomolskaya Pravda’. En ella, Perelman recuerda que al inicio de su carrera barajaba dos caminos: la música o las matemáticas. Optó por una disciplina que le ayuda «a acercarse a la comprensión de las formas del universo» y que le ha proporcionado una fama mundial de la que abomina.

«Me contó que no habla con los periodistas rusos porque le faltan al respeto», revela Zabrovski. «La prensa le llama Grisha (diminutivo de Grigori), y esa familiaridad le molesta. Me causó la impresión de ser una persona responsable, sana, adecuada y normal». Perelman, cuya última foto fue tomada hace cuatro años en el metro de San Petersburgo, rememora su adolescencia, cuando participaba en olimpiadas matemáticas que indefectiblemente ganaba. «Cuando nos preparábamos, nos ejercitábamos con problemas cuyas soluciones requerían la habilidad de pensar de manera abstracta».

Nunca se ha enfrentado a un reto irresoluble. Admite que el más difícil en sus años de juventud fue calcular la velocidad con la que Jesucristo tendría que haber caminado sobre la superficie del agua para no hundirse. El matemático no precisa cómo resolvió el misterio bíblico, pero apunta que el hecho de que la leyenda siga viva quiere decir que no se equivocó en sus cálculos.

Perelman ha accedido a hablar con Zabrovski porque el cineasta está produciendo un documental sobre la confrontación de las tres escuelas de matemáticas más importantes del mundo: la rusa, la china y la estadounidense. El genio subraya que uno no puede tener miedo a ninguna crisis si dispone de fórmulas para calcularlo todo. Él aprendió a «calcular los vacíos» y sigue investigando los mecanismos para «llenar los vacíos sociales y económicos». «El poder de calcularlos nos da grandes posibilidades. Sé cómo manejar el universo. Ahora díganme, ¿por qué tendría que correr a buscar un millón de dólares?».

Vía El Comercio. Oscar L. Belategui.

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