Príncipe para la inteligencia múltiple

Howard Gardner es el nuevo Premio Príncipe. :: KNOWLEDGE FARM

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Howard Gardner se considera un científico social, un hombre que busca entender cómo funciona la mente del hombre. Quizá su propia experiencia vital tenga mucho que ver en ese gusto por saber cómo se comporta la inteligencia, cómo es posible educar para hacer mejores seres humanos. Sus padres, judíos, huyeron de Nürenberg en 1938 y se instalaron en Estados Unidos justo la noche de los cristales rotos, perdió en un accidente a un hermano del que nunca le hablaron antes de que él naciera y pasó su infancia en Scranton (Pensilvania, donde nació en 1943) leyendo, tocando el piano y plantándole a cara a sus problemas de visión.

Todo ello lo confiesa el propio Howard Gardner, flamante Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, en un artículo en el que también se confiesa precisamente un científico social. Es, además, a decir del jurado, un científico comprometido con la educación, una vertiente a la que el galardón llega por vez primera: «El jurado ha valorado especialmente su solidez académica, su compromiso social y ético con la mejora del sistema educativo, su apuesta por la excelencia, su relevante proyección internacional y su importante producción científica de la máxima calidad, con un amplio número de publicaciones traducidas a los principales idiomas», leyó ayer en Oviedo el jurista asturiano Aurelio Menéndez, presidente del jurado, tras hacer público el fallo.

Tras esas palabras hay un currículo brillante y, sobre todo, un teoría sobre la inteligencia múltiple que ha trascendido todas las fronteras y que busca la manera de reforzar las habilidades innatas de cada uno en la educación. Para Howard Gardner, doctor en Psicología Social por la Universidad de Harvard, donde en la actualidad es titular de la cátedra de Cognición y Educación de la Escuela Superior de Educación, un científico no es más listo que un deportista o un artista. Simplemente, sus inteligencias son diferentes. Su teoría detalla ocho formas de inteligencia: la lingüística, la lógica-matemática, la espacial, la musical, la corporal cinética, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista.

Las capacidades cognitivas del ser humano siempre han sido su obsesión. De hecho, esa teoría y otros muchos de los trabajos -desde 1972 es codirector y presidente del Proyecto Zero, que estudia los procesos de aprendizaje de niños y adultos- en los que ha participado se han traducido en la búsqueda de un pedagogía personalizada. Y lo más importante, la teoría ha logrado dar el salto a la práctica. Su modelo de ‘escuela inteligente’, basado en el aprendizaje como consecuencia del acto de pensar, se ha instalado en la escuela pública de Estados Unidos.

Es, pues, este premio de Ciencias Sociales para la psicología, pero también para la educación, para la pegagogía, para el hombre que atesora 26 doctorados honoris causa a este y al otro lado del Atlántico, para el autor de más de 25 libros traducidos a 28 idiomas y cientos de artículos, para quien en los últimos años se ha afanado en buscar a las mentes brillantes del futuro. El niño daltónico que creció en Pensilvania afronta en su último libro un estudio sobre las mentes que deben formar los líderes en los años que están por venir: deben ser disciplinadas, sintéticas, creativas, respetuosas y éticas.

La suya, dice él mismo, tiene mucho de sintética; la suya tiene dos factores claves de acuerdo con sus propias teorías de la inteligencia: «Soy una critatura del lenguaje y de la música. He pasado mi vida trabajando con estos dos sistemas de símbolos y espero seguir haciéndolo». La música acompaña en su trabajo diario al nuevo Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, que, en palabras de un amigo suyo, Eduard Punset, y de forma resumida atesora estos logros: «Ha desmenuzado la complejidad del funcionamiento de la mente humana y ha sentado las bases de un nuevo modelo educativo que potencia las habilidades innatas de cada individuo».

Es para sentirse orgullo. Lo uno y lo otro. Su obra y su nuevo premio. Él así supo verlo y agradecerlo: «Me siento humildemente emocionado al recibir este prestigioso premio», afirmó. Y añadió que en un momento como éste, en que las ciencias sociales angloamericanas ponen el acento casi por completo en el trabajo cuantitativo, «me alegro de que este premio pueda reconocer la rama de las ciencias sociales que implica análisis cualitativos y amplias síntesis del conocimiento. Espero con ilusión la ceremonia en octubre».

Autor/a: M.F. Antuña. Vía El Comercio

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