El teórico de las ocho inteligencias

Por Julio Antonio González* Las revolucionarias tesis de Howard Gardner son explicadas en la Universidad de Oviedo desde hace al menos veinte años. Hijo de refugiados de la Alemania nazi, es conocido en el ambiente de la educación por su teoría de las inteligencias múltiples, basada en que cada persona tiene -por lo menos- ocho inteligencias o habilidades cognoscitivas. Este investigador de la Universidad de Harvard ha puesto en jaque todo el sistema de educación escolar en Estados Unidos.

Gardner sostiene que las múltiples aptitudes humanas, las inteligencias, son independientes entre sí en un grado significativo. Esta independencia implica que se podría llegar a un alto «cociente intelectual» en una inteligencia, por ejemplo en la lingüística o en la lógico-matemática, y muy bajo en otra inteligencia como la musical o la cinético-corporal. Se confirma, así, la existencia de una diversidad cualitativa y cuantitativa.

Sin embargo, prácticamente cualquier acción cultural con algún grado de sofisticación requiere una combinación de inteligencias que trabajen juntas. Asimismo, esta independencia contrasta radicalmente con las medidas tradicionales del «cociente intelectual» que dan altas correlaciones entre las puntuaciones de los tests. Gardner ve en ello una prueba de que únicamente miden la habilidad para responder a ítems lógico-matemáticos y lingüísticos. Tales correlaciones se reducirían considerablemente, dice, si se controlara toda la gama de aptitudes humanas.

Este enfoque tiene sus implicaciones educativas. Así, según los defensores de las «inteligencias múltiples», el objetivo de la escuela debería ser ayudar a los alumnos a desarrollar las inteligencias y a alcanzar los fines que se adecuen a su perfil intelectual. Sin embargo, salen al paso de un etiquetamiento prematuro; así, en cuanto un niño parece que canta bien, existe el riesgo de mandarlo a una escuela de música y que no estudie más que solfeo y canto. La identificación precoz de las aptitudes sirve, más bien, para descubrir de qué tipo de experiencias pueden beneficiarse los niños y qué puntos débiles deben atenderse antes de que sea demasiado tarde.

Este planteamiento pedagógico presupone una evaluación precisa del perfil de inteligencias del alumno para proponerle el contexto educativo adecuado que ayude a enriquecer sus capacidades predominantes y remediar sus dificultades. Así pues, la evaluación se convierte en un elemento fundamental del sistema educativo, pero mediante medios de evaluación diagnóstica que sean capaces de investigar las distintas capacidades, como exponer al individuo a una situación lo suficientemente compleja que estimule varias inteligencias y determinar hacia cuál de ellas se inclina.

Como conclusión, puede afirmarse que una concepción liberal, igualitaria o plural, asociada a un modelo de inteligencia, unitario o múltiple, condiciona los planteamientos de la educación formal. Por una lado, están los que, coincidiendo con la concepción igualitaria, reclaman escuelas «uniformes». Básicamente, sostienen que existe un conjunto de competencias y un núcleo de conocimientos lógicos y lingüísticos que deberían dominar todos los individuos. Desde otro ángulo, algunos defensores de las «inteligencias múltiples» proponen la personalización liberal de la educación con una organización de centros y currículos a la «carta».

Frente a estos dos enfoques y dentro de la concepción plural, está el planteamiento de la atención a la diversidad en el marco de una escuela comprensiva. En este enfoque, los currículos de los primeros tramos de la educación obligatoria deben atender prioritariamente al desarrollo de las inteligencias lingüística y lógico-matemática. El desarrollo de las inteligencias espacial, musical y cinética estaría atendido desde la optatividad: cada centro debería enriquecer el currículum con una selección de aquellas materias optativas que favorezcan el desarrollo de estas inteligencias menos atendidas en el currículum ordinario. El desarrollo de las inteligencias inter e intrapersonal quedaría para el currículo oculto, la acción tutorial y el aprendizaje extraescolar dentro del círculo socio-familiar.

*Julio Antonio González es catedrático de Psicología de la Educación de la Universidad de Oviedo

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