El Príncipe de Investigación abre las puertas del cerebro

Arturo Álvarez-Buylla, hijo y nieto de asturianos, durante una conferencia. :: PUBLIMETRO

Arturo Álvarez-Buylla, hijo y nieto de asturianos, durante una conferencia. :: PUBLIMETRO

Las neuronas que exhibimos con buena administración o las que malgastamos por falta de uso no vienen todas con el carnet de nacimiento. Se sabe ahora que podemos generar otras nuevas cuando llegamos a edad adulta. Y se sabe porque el asturmexicano Arturo Álvarez-Buylla, el norteamericano Joseph Altman y el italiano, nacido en Kiev, Giacomo Rizzolatti llevan años poniendo el cerebro humano al otro lado de su microscopio, abriendo nuevas puertas al conocimiento de nuestras posibilidades intelectuales. Por ello los tres, representantes de la llamada neurogénesis, paternidad que en realidad debe otorgársele a Altman, fueron proclamados ayer Premios Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2011.

Sus descubrimientos sobre la producción de las células del sistema nervioso central, es decir, de neuronas y células gliales, que es lo que significa neurogénesis, así como el hallazgo de las denominadas neuronas espejo -hijas de Rizzolatti-, han colocado a la neurología en un «prometedor» camino hacia «el tratamiento de enfermedades cerebrales, tales como el alzheimer, el parkinson y el autismo». Así lo advierte el Premio Nobel de Medicina en 2000 Paul Greengard, que junto con el Príncipe de Investigación de 1999, Ricardo Miledi (uno de los científicos de la Royal Society de Londres), avaló la candidatura que el jurado, finalmente, eligió para subir al palmarés de este año.

Según Greengard, «las investigaciones de los doctores Altman, Álvarez-Buylla y Rizzolatti aportan evidencia irrefutable de los mecanismos de la neurogénesis en el cerebro adulto de los vertebrados y las neuronas espejo».

«Entre los más grandes hallazgos de la Neurología de todos los tiempos» sitúa Miledi la labor de los tres premiados que, según escribe en su carta de apoyo «han cambiado nuestra forma de entender el cerebro». Es, precisamente, esta contundente afirmación del investigador que compartió su Premio Príncipe con el médico español que presidió el jurado 2011, el prestigioso cirujano Enrique Moreno, la que pone el peso específico a la argumentación del fallo hecho público ayer al mediodía, como manda la tradición.

Sus aportaciones, que superaron importantes trabajos de otros investigadores -en total 41 llegaron a la mesa del jurado- vienen a romper con el viejo dogma que imperaba desde tiempos de Ramón y Cajal que mantenía como cierto el hecho de que sólo se tienen las neuronas con las que se nace.

La emoción de Álvarez-Buylla
El asturiano del equipo, nacido por voluntad de la guerra civil en México -donde viajó su padre, también facultativo, después de haber escapado a Moscú, tras el fusilamiento del otro Arturo Álvarez-Buylla de la familia (el abuelo paterno que tiene una calle en Oviedo)-, es profesor de Anatomía y Neurocirugía en la Universidad de California. Vive en San Francisco y desde allí manifestó la «emoción e ilusión» por «recibir esta gran noticia y pensar en ir por la maravillosa Asturias en otoño a recibir este galardón». El premio, que le sitúa al lado de uno de sus maestros -Altman es el verdadero precursor de la neurogénesis, que descubrió en los años 60, aunque nadie le hizo caso-, supone, dijo, un «gran honor», que recibe con total humildad. No en vano, aseguraba, pese a estar en el camino de la curación de los tumores cerebrales, que, «nuestro trabajo apenas empieza a desenredar los secretos de cómo se forman las nuevas células nerviosas en el cerebro adulto».

Desde que recibió la noticia del Premio Príncipe su memoria se fue al lado de sus «maestros, colaboradores y sobre todo estudiantes que han hecho posible el espacio de colaboración y descubrimientos». Pero también hizo memoria de familia: «Me trae profundos recuerdos de mi padre (Ramón Álvarez-Buylla) y mi abuelo (Wenceslao Roces), ambos asturianos, que crearon en mí esta pasión por la ciencia y la cultura». Y es que el profesor Álvarez-Buylla desciende de la intelectualidad española exiliada en México, país al que escaparon, tras la derrota de la República en la guerra civil, grandes mentes de la época, aunque en realidad su padre Ramón Álvarez-Buylla llegó a América tras una primera y larga estancia en la vieja URSS. Y tras la justa mención familiar, el ahora Premio Príncipe no olvidó mentar a quienes comparten con él título: «Colegas tan ilustres, que admiro y respeto».

Tampoco tardó en reaccionar al fallo del jurado Joseph Altman. Feliz y «enormemente honrado de incorporarme a la nómina de distinguidos científicos que han sido galardonados con este prestigioso premio», destacó, al igual que Álvarez-Buylla, a quienes comparten con él el reconocimiento de este año. «Quisiera dar las gracias a los miembros de la comunidad científica que propusieron mi candidatura y a los del jurado por su decisión de este año», concluye la nota del investigador norteamericano llegada a primera hora de la tarde desde Florida a la sede de la Fundación Príncipe de Asturias, que concede estos galardones. Altman, no sólo descubrió la capacidad del cerebro de generar nuevas neuronas. También sugirió que éstas desempeñan un papel crucial en los procesos de la memoria y el aprendizaje. Ha demostrado que en varias especies, durante la etapa postnatal y a lo largo de toda la vida, continúan generándose, especialmente en las zonas subventricular (ZSV) y subgranular del giro dentado (GD) del hipocampo.

El tercer premiado de este año, Giacomo Rozzolatti, formado en la Universidad de Padua y en el Instituto de Fisiología de la Universidad de Pisa, fue quien se dio cuenta de que un tipo de neuronas del cerebro se activaban no solo cuando el individuo realizaba una acción concreta, sino también cuando observaba a un congénere realizar la misma acción. Hoy se las conoce como neuronas espejo.

Investigaciones posteriores demostraron el papel de estas neuronas en el ser humano y sus implicaciones en las capacidades sensoriales y el desarrollo del lenguaje y la comunicación. Las neuronas espejo son las que permiten explicar la imitación y la empatía. Un déficit de ellas puede ser responsable de síntomas de autismo.

Autora: Paché Merayo. Vía El Comercio

Entrevista a Arturo Álvarez-Buylla en La Nueva España

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