«Si ha de haber preocupación, empecemos por el teléfono móvil, no por las antenas»

Yuri Álvarez, en los laboratorios de Teoría de la Señal de la Universidad de Oviedo

Yuri Álvarez, en los laboratorios de Teoría de la Señal de la Universidad de Oviedo. Foto: Ángel González

Entrevista a Yuri Álvarez López, profesor ayudante del área de Teoría de la Señal, premio a la mejor tesis del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación

El director de la Cátedra Telefónica de la Universidad de Oviedo, el catedrático Fernando Las Heras, habla de Yuri López, galardonado recientemente con el premio a la mejor tesis doctoral en la convocatoria nacional del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación, como uno de los «fichajes tempranos» del área de Teoría de la Señal. Ya en 2003, en el ecuador de sus estudios universitarios, comenzó a participar en el desarrollo de nuevas herramientas informáticas. Después se volcaría en los métodos de diagnóstico de antenas, un ámbito en el que el profesor Las Heras, su director de tesis, había estado trabajando anteriormente en la Universidad Politécnica de Madrid y en la Universidad de Siracusa. «Él me dio la oportunidad de seguir con este método», explica.

-¿Qué quedaba por resolver en el diagnóstico de antenas?

-Digamos que los trabajos estaban limitados sólo a algunos tipos de antenas, para unas determinadas geometrías y la clave era generalizarlo y extenderlo también a geometrías arbitrarias y en amplitud.

-¿Cómo se puede conocer qué le ocurre a una antena?

-Nuestro objetivo es conocer las corrientes que circulan por la antena, también cuando son arrays, que son antenas compuestas por muchísimos elementos, como si fuera un panel de LED’s. Por poner un ejemplo, en una antena cubierta por radón lo que se hace con este método es reconstruir las corrientes de la superficie sin necesidad desmontarla, detectando posibles deformaciones en la distribución de la señal y siempre midiendo cómo radia esa antena sin acercarse a ella.

-¿Qué peligros entraña el diagnóstico de estos aparatos?

-Seguramente el mayor riesgo que pueden tener los equipos con los que trabajamos son los absorbentes de la cámara anecoica, una espuma bañada en polvillo de carbono que mancha bastante y respirarlo no es muy recomendable. Es el mayor inconveniente. Por lo demás los niveles de emisión electromagnética están todos por debajo de las recomendaciones permitidas. A nosotros nos es posible conocer a mucha distancia lo que está ocurriendo a través del campo que radian.

-¿Qué aplicaciones tiene el sistema desarrollado en su tesis?

-Por un lado, incluía una colaboración con el área de Tecnología Electrónica de la Universidad de Oviedo que se usó para tratar de detectar cuáles son los puntos calientes de circuitos electrónicos, señalando así qué partes del circuito están emitiendo más ruido electromagnético. Otra aplicación es fruto de una colaboración que hice con la Politécnica de Madrid que utiliza el método para unas antenas que se llaman reflectarrays, una de las cuales se fue para la Agencia Europea del Espacio (ESA). Otra aplicación se refiere a los perímetros de seguridad de las antenas del tipo a las que se encuentran en las azoteas para determinar la exposición a campos electromagnéticos.

-¿Qué repercusión tiene la exposición del ser humano a campos electromagnéticos?

-Hay unas directivas y eso está sujeto a un real decreto que establece cuáles son los límites máximos que tiene que haber en cualquier cosa que radie. El sistema lo que nos permite es medir una antena que esté funcionando lejanamente y a partir de ahí conocer cuáles son sus corrientes y establecer el perímetro de seguridad dentro del cual se superan los límites del real decreto y dónde están por debajo. Esto en teoría hay que balizarlo, por ejemplo cuando están en una azotea, pero normalmente no se hace.

-¿Qué riesgos acarrean las antenas localizadas en las azoteas de los edificios?

-Depende de cómo sea la antena, de la potencia que está emitiendo, del número de canales y de cada servicios, porque eso también afecta. Ahora mismo en el área tenemos desarrolladas unas herramientas para calcular muy exactamente cuáles son estos perímetros o volúmenes de protección. Se hace con técnicas muy precisas e incluso hay una aplicación web para el ciudadano que le permite evaluar la situación en diferentes entornos.

-La OMS alerta del riesgo de cáncer por el uso de teléfonos móviles. ¿Qué opina?

-Si debe haber preocupación, empecemos por el terminal, no por las antenas de las estaciones base. Pero la OMS lo ha catalogado como riesgo potencial, no está demostrado ni se puede replicar un experimento, ni tampoco existe una relación causa-efecto.

-¿Cuándo se podrá tener la certeza?

-Ahora mismo no existe. Todo esto se basa en experimentos a lo largo de los años.

-¿Qué otras ventajas ofrece su sistema de diagnóstico?

-Ahora estamos enfocando todas las herramientas a otra aplicación que son las técnicas de «imagine» y que permiten encontrar objetos escondidos o enterrados como armas o explosivos, extendiendo estas aplicaciones de diagnóstico de antenas a estructuras que no emiten radiación.

-Una técnica similar a los escáneres corporales en aeropuertos.

-La idea sería emitir una onda electromagnética en un objeto y ver lo que refleja. A partir de ahí, se trataría de reconstruir la geometría del objeto escondido. De momento estamos todavía en fase de simulación, pero lo que queremos hacer es ver si el sistema de escáneres corporales de los aeropuertos permitiría aplicar este método. Se trataría de ver si con menos información se conseguiría llegar a reconstruir alguna geometría, algo que también abarataría el coste.

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El catedrático Fernando Las Heras, director de la Cátedra Telefónica de la Universidad de Oviedo, sostiene ante el debate abierto en torno a los riesgos que entraña para la salud humana el uso del teléfono móvil que la cuestión obliga a hacer una reflexión sobre la exposición del hombre a otras campos electromagnéticos tan elevados o más que acompañan a pequeños gestos de la vida cotidiana. Es el caso de los auriculares que se introducen en la oreja para escuchar música. «La pequeña corriente que llevan de señal es un campo magnético mucho más potente que los que emite una antena. Igual que los teléfonos inalámbricos. Eso sí que tiene potencia, más que el móvil», afirma Las Heras. Las redes wifi también incluyen emisiones electromagnéticas pero de muy poca potencia, incluso menor que la de los auriculares, añade.

El director de la Cátedra Telefónica reconoce que en algún tipo de carcinoma existe una tasa de aceleración un poco más alta cuando se radia sobre él energía electromagnética. «Pero hay agentes externos que nunca puedes eliminar, ese es el gran problema», subraya. «Lo único hay que estar un poco atento y con cierta precaución», resume al respecto. Para explicar gráficamente estas tesis, el catedrático acude a una sencilla comparativa. Si una persona se sitúa a tomar el sol, incluso con protección, en la azotea de un edificio con una antena de telefonía móvil , seguramente sería mucho más peligrosa su exposición a los rayos de sol, «que son como los rayos X, atacan al núcleo celular, porque es radicación ionizante», frente a las radiaciones electromagnéticas, que no son ionizantes.

En el laboratorio de electromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal se estudia la incidencia del cáncer ligada a emisiones electromagnéticas en animales. En este caso se ha evidenciado que los campos de radiofrecuencias similares a los utilizados en las telecomunicaciones móviles aumentan los tumores en ratones modificados genéticamente que hayan estado expuestos en la proximidad de una antena de transmisión de radiofrecuencia. No obstante, los expertos señalan que la OMS suma ya un montón de estudios y no acaba de decidirse «ni para un lado ni para otro».

«Si hay alguna relación será condicionada a que se adquiera algún tipo de patología ya existente, con un uso muy continuado del móvil, pero que tampoco es el origen», remarca el profesor Fernando Las Heras, quien apunta que también existen factores ambientales, químicos o contaminantes que pueden influir en el desarrollo de determinadas patologías. En cualquier caso y según la opinión del mismo docente la advertencia de la Organización Mundial de la Salud «está bien» porque de existir algún riesgo estaría en «el terminal móvil que voluntariamente estamos utilizando a diario, no lo que nos están irradiando de otro sitio».

Vía La Nueva España. Autor/a.: C. Jiménez

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