Los osos ya no meten miedo

Andrés Ordiz, durante una espera

Andrés Ordiz, durante una espera. Foto: Pilar Alonso

Un estudio revela que modifican su comportamiento para evitar el contacto con los humanos.

Años de persecución han hecho que los osos se hayan vuelto miedosos ante los hombres. Tanto que incluso han llegado a modificar su patrón de comportamiento y el uso de su hábitat para evitar el contacto con el que hoy día es el primer factor de mortalidad para todos los grandes depredadores: el ser humano.

Es una de las conclusiones que se derivan de un estudio liderado por el biólogo gijonés Andrés Ordiz y que forma parte de su tesis doctoral Patrones de reproducción e influencia de actividades humanas sobre el comportamiento del oso. Implicaciones para la conservación de grand es carnívoros , realizada en convenio entre la Norwegian University of Life Sciences (UMB; Noruega) y la Universidad de León (ULE) y dirigida por los profesores Jon Swenson (UMB), Miguel Delibes de Castro (Estación Biológica de Doñana-CSIC) y Ole-Gunnar Støen (UMB).

Después de realizar un seguimiento durante siete meses a una veintena de osos radiomarcados en Suecia, el investigador ha podido constatar que durante los meses con más actividad humana en su hábitat, -y por tanto con mayor riesgo de llegar a interactuar con los hombres-, los osos tendieron a escoger lugares de descanso con una mayor densidad de vegetación y más alejados de las poblaciones humanas que los que habitualmente eligen en otras épocas del año.

Asimismo, el seguimiento dejó constancia de que los osos condicionan su horario al de la actividad humana, prolongando su descanso diurno y aumentando su actividad nocturna cuanta más presencia humana hay en el monte con la misma finalidad con la que seleccionan los encames con mayor cobertura vegetal: huir del hombre, evitando el solapamiento espacial y temporal con sus actividades.

Y es que, según explica el biólogo asturiano, parece que “los osos han sabido interpretar, valorar el riesgo que entraña el contacto con el hombre y han modificado su comportamiento para evitarlo”. Han rebajado, por así decirlo su posición como predadores en lo alto de la pirámide ecológica y, frente al hombre, han pasado a comportarse como “presas”.

Pero, ¿son las conclusiones de este estudio extrapolables a la población de osos en Asturias? Andrés Ordiz cree que, en términos generales, sí.

“En ocasiones pueden verse osas con crías o individuos jóvenes no demasiado alejados de pueblos o de alguna carretera secundaria, pero el patrón general de los osos es de evitar cualquier contacto con el hombre. Las osas con crías evitan el contacto con otros osos machos para protegerlas de posibles ataques, utilizando en ocasiones áreas más próximas a entornos humanizados, donde no es frecuente la presencia de otros osos adultos”. En este caso, entre vérselas con el hombre o con otros osos, que podrían matar los esbardos para lograr el celo de la hembra, las osas parecen optar por el mal menor.

Esa parece haber sido la causa del reciente avistamiento de una osa con dos crías en unos montes cercanos a localidad de Dolia, en el concejo de Belmonte de Miranda, situado en las inmediaciones del Parque Natural de Somiedo.

Los plantígrados se han asentado en una zona fértil en la que no falta alimento para hacer crecer a los dos esbardos. La patrulla Oso Somiedo de la Fundación Oso Pardo está realizando un seguimiento de estos ejemplares.

Precisamente es la zona de Somiedo, junto con Proaza, Cangas del Narcea y la vertiente leonesa de la Cordillera, la que desde hace un año está siendo objeto de un nuevo proyecto con el que se trata de cuantificar el efecto del grado de protección de una zona sobre los osos a través de su comportamiento (mediante observación directa) y de su fisiología (a partir del estudio de niveles de glucocorticoides pueden tener consecuencias en la habilidad cognitiva, crecimiento, respuesta inmune, condición física, reproducción y supervivencia de los individuos).

El proyecto está financiado por la Fundación Biodiversidad y la Fundación Oso de Asturias y está dirigido por Ordiz.

«No todo es compatible con la pervivencia del oso»

Vía La Voz de Asturias. Autora: Pilar Alonso

Entrevista a Andrés Ordiz, biólogo.

¿La superviviencia del oso en Asturias está garantizada?
No, el oso pardo es una especie en peligro de extinción en la Cordillera Cantábrica. El núcleo oriental alberga muy pocos osos desde hace décadas y no muestra síntomas de recuperación. En el núcleo occidental, el conteo de osas con crías ha aumentado desde los años 90 a la actualidad, mostrando una tendencia positiva. Pero desconocemos la tasa de incremento de la población porque no disponemos de información sobre parámetros importantes como la tasa de mortalidad, por loque no sería correcto extrapolar la tendencia de las osas con crías para la población en general, ni pensar que la conservación de la población está asegurada.

¿Qué medidas podrían tomarse para garantizar su futuro?
Mejorar la conectividad entre los dos núcleos parece imprescindible para su supervivencia, muy especialmente para el núcleo oriental, pero posiblemente para la población cantábrica en su conjunto. Mejorar la permeabilidad de las infraestructuras de transporte es importante para que los osos puedan dispersar de un núcleo a otro. Todo lo que suponga pérdida o fragmentación del hábitat es perjudicial. Planes como la construcción de una estación de esquí en San Glorio, que se sumaría a otras infraestructuras de gran magnitud ya existentes encajan mal con esa premisa. A escala más local, no es bueno intervenir en el hábitat, sino dejar que la sucesión natural de la vegetación siga su curso. La cobertura vegetal, no sólo bosques maduros, sino zonas arbustivas y de matorral, es importante para ofrecer refugio, lugares de descanso y alimento a los osos.

¿Es compatible el desarrollo de determinadas zonas con el mantenimiento de las poblaciones?
Depende de lo que entendamos por desarrollo. Los osos necesitan grandes áreas de campeo con buena cobertura forestal y poca actividad humana. Si el desarrollo pasa por urbanizar el medio natural, negro futuro. Pero la mejora de infraestructuras, como carreteras por ejemplo, donde sea realmente necesario, no tiene porqué ser inviable con la conservación de la especie, si se hace con pasos de fauna adecuados .

¿Se puede mantener un equilibrio?
Si la sociedad en general entiende como un lujo que aún queden especies como los osos en la Cordillera Cantábrica, como símbolo de naturalidad, quizá se pueda pensar en modelos de desarrollo respetuosos con la naturaleza. En ese marco, no se exigiría que una carretera llegue a cualquier sitio a cualquier precio, o se podría renunciar a infraestructuras incompatibles con la conservación del hábitat. No todo es compatible, y esto es importante.

¿Es contraproducente tratar de vender un turismo vinculado al avistamiento de estos animales?
Una especie en peligro de extinción no debe ser objeto, en mi opinión, de ninguna explotación comercial. Visitar la Cordillera Cantábrica sin crear la necesidad de ver osos salvajes, es perfectamente asumible e incluso bueno, por supuesto, para apreciar el paisaje.

Vía La Voz de Asturias. Autora: Pilar Alonso

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