El cáncer al descubierto

Carlos López Larrea

Carlos López Larrea. Foto: Ángel González

Un equipo de la Universidad de Oviedo desarrolla un biosensor ultrasensible capaz de detectar una mínima cantidad de células tumorales en sangre.

El grupo de Investigación y Desarrollo de Materiales Magnéticos (Idemm) de la Universidad de Oviedo, con la colaboración del departamento de inmunología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), ha dado un paso importante para la detección precoz de tumores hematológicos -leucemia y los linfomas-, de posibles recaídas de estos pacientes y también de los inicios de metástasis de cualquier tipo de cáncer. La clave de este procedimiento reside en una sensibilidad considerablemente mayor que la de otros que ya existen en el mercado.

El equipo, cuyo responsable es el físico José Ángel García Díaz, está desarrollando un prototipo ultrasensible capaz de localizar unas pocas células cancerígenas en una muestra de sangre. Para ello emplea partículas magnéticas minúsculas (nanopartículas, que son del tamaño de una millonésima de milímetro) recubiertas con anticuerpos que reconocen las proteínas que se originan con la enfermedad. En función del tumor que se quiera detectar, se utilizan anticuerpos adecuados para «engancharse» a las proteínas cuya presencia confirmaría el cáncer.

De momento, tras un año y medio de trabajo en los laboratorios de las escuelas de Marina Civil y de Ingenieros del campus de Gijón, en los de la Facultad de Ciencias de Oviedo y en el HUCA, el equipo ya ha logrado marcar y separar células cancerígenas. El siguiente paso, en el que se está trabajando, es el desarrollo del biosensor para detectar la presencia de dichas células malignas ligadas a las partículas magnéticas.

En la actualidad ya existen equipos capaces de detectar tumores, pero utilizan la magnetorresistencia gigante, mientras que «el que nosotros estamos desarrollando se basa en la magnetoimpedancia gigante, que es mucho más sensible», explicó ayer José Ángel García, quien participa estos días en Gijón en el Congreso Ismanam sobre nanotecnología y nuevos materiales, donde el grupo Idemm expone a colegas científicos de todo el mundo los avances de su investigación hasta el momento. Esa mayor sensibilidad es la que permitirá la detección precoz de tumores, algo que en la práctica puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte de un paciente.

El HUCA será pionero en la aplicación de este sistema, una vez que se complete la investigación. El coste de someter entonces a una de estas pruebas a un paciente será muy bajo, explica José Ángel García.

Vía La Nueva España. Autor/a: M. Castro.

Centros europeos y americanos desarrollan técnicas similares pero menos sensibles

La alta sensibilidad del sistema que está desarrollando el grupo Idemm es la gran ventaja de esta nueva tecnología, pero también el mayor obstáculo para desarrollar un biosensor capaz de detectar un campo magnético extremadamente débil como es el producido por las nanopartículas.

Esta debilidad del campo magnético limitará el desarrollo de esta tecnología a la detección y cuantificación de células tumorales presentes en la sangre, lo que no es poco.

Carlos López Larrea, director del departamento de inmunología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), cita como ejemplo de posible utilidad el control de los pacientes transplantados de médula ósea. Todo ello, mediante el análisis in vitro de muestras de sangre de los pacientes. Otras posibilidades como el tratamiento de tumores mediante nanopartículas magnéticas «se nos escapa de momento», apunta José Ángel García.

En centros tecnológicos europeos y estadounidenses se están desarrollando métodos con nanotecnología para eliminar tumores sin los daños asociados que ahora producen la quimioterapia tradicional o la radioterapia. La base es similar a la del proyecto que desarrolla Idemm. Se introducen en el organismo nanopartículas magnéticas para unirlas a las células tumorales. A partir de ahí hay dos opciones: o bien subir la temperatura en la zona tumoral marcada por esas partículas hasta una temperatura suficiente para destruir las células cancerígenas, o bien que esas partículas transporten la quimioterapia adecuada hasta las células de destino.

El problema del sistema que se desarrolla en Asturias radica en que, al basarse en un campo magnético extremadamente débil, será prácticamente imposible poder utilizarlo dentro del organismo humano, ante la dificultad de esos campos magnéticos a las distancias que estarían las partículas dentro del cuerpo humano.

Vía La Nueva España. Autor/a: M. Castro

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