El fuelle que calienta el Cantábrico

Investigadores de la Universidad de Oviedo y el IEO a bordo del José Rioja utilizan una roseta con botellas oceanográficas y un CTD para recoger muestras de agua. Foto cedida por R. A.

Investigadores de la Universidad de Oviedo y el IEO a bordo del José Rioja utilizan una roseta con botellas oceanográficas y un CTD para recoger muestras de agua. Foto cedida por R. A.

La diversidad de efectos del cambio climático sólo es comparable a la diversidad de formas de vida en la tierra. Frente a ello, nueve investigadores europeos se han coordinado para reunir los datos y análisis científicos más relevantes de los impactos del cambio climático en los mares de Europa. El resultado es la reciente publicación de un artículo con participación española en el Journal of Experimental Marine Biology and Ecology.

Entre los cambios recogidos en el artículo observados por investigadores de la Universidad de Oviedo (Marcos Llope, Fernando González-Taboada y Ricardo Anadón, entre otros) hay algunos especialmente notorios: “Estamos observando cómo las especies que poblaban los mares del norte peninsular se desplazan hacia el norte, a las costas de Francia y el Sur de Irlanda, donde ahora se encuentran aguas a las temperaturas que antes eran propias de nuestras costas”, señala Ricardo Anadón, catedrático de Ecología de la Universidad de Oviedo. Entre los ejemplos que cita figuran los arenques, el bonito y la anchoa. Incluso poblaciones de esta última han comenzado a reproducirse en el Mar del Norte, “algo que hace veinte años era impensable”, afirma.

Mientras tanto, advenedizos subtropicales como el estornino (Scomber japonicus), propio de aguas canarias y del Atlántico Sur, están llegando a las costas del noroeste peninsular, donde han comenzado a pescarse de forma comercial. “Es una consecuencia de lo que podemos ver en las imágenes de satélite que recogen la temperatura de la superficie marina: que la zona de aguas subtropicales está ampliándose hacia el norte y roza ya nuestras aguas, que alcanzan cotas de 21 y 22ºC en verano”, resalta el catedrático.

Vientos y calentamiento
Contra lo que pudiera parecer, las aguas cantábricas no están calentándose por la acción directa del sol y del efecto invernadero, sino por otro efecto del cambio climático: las alteraciones en el régimen de vientos. Por eso, señala Anadón, están disminuyendo los afloramientos que enfrían las aguas superficiales, un fenómeno característico del Norte peninsular y de otros lugares ricos en pesca como Sudáfrica, la costa entre Chile y el Ecuador o el Sáhara.

“En Asturias, el responsable de los afloramientos es el viento del Nordeste, mientras que en Galicia lo produce el del Norte. Este tipo de vientos, frecuentes en verano, unidos al movimiento de rotación de la Tierra, desplazan el agua costera superficial hacia el Océano, por lo que ascienden aguas más profundas, frías, y ricas en nutrientes”, explica el catedrático. El ascenso de estas aguas produce a su vez una eclosión de microalgas y algas propias del Atlántico Norte, que alimentan a las comunidades de peces de la zona y que, con la disminución de los afloramientos estivales son cada vez más escasas en las costas del norte peninsular.

Y si además la expansión de aguas subtropicales se produce en los próximos cien años tal y como los investigadores prevén en el artículo recientemente publicado, destacan que habrá un cambio absoluto en los ecosistemas marinos y costeros de diversas regiones del mundo, incluyendo las costas mediterráneas, atlánticas y cantábricas.

La ciencia frente a lo inmenso
Otro de los fenómenos que tienen en jaque a la comunidad científica es el ascenso del nivel del mar. De hecho, ya se detecta una subida de entre 3 y 5 mm al año. “Si la tendencia continúa, las zonas que se encuentren a 1 o 1,5 m por encima del nivel del mar se verán afectadas. Posiblemente se producirá la desaparición de ciertas playas, puesto que en las zonas de arena la mar avanzará más hacia el interior que en zonas de acantilados. No hay que olvidar que los efectos del cambio climático en los océanos se combinan con sus efectos en tierra firme, y tendrán implicaciones en todos los órdenes de la vida”, afirma Anadón.

Un campo abierto y que presenta grandes retos a la investigación, especialmente en el área de la Física, es elaborar modelos que permitan predecir cómo los distintos factores asociados al cambio climático modificarán a las corrientes marinas, señalan los investigadores. Y es un interrogante de gran calado, puesto que las corrientes determinan en gran medida la temperatura de los mares, los ecosistemas marinos y el clima mundial.
Pero los investigadores de esta área se han encontrado durante años con un escollo difícil de superar: “Mientras que en tierra puede haber 70 estaciones sólo en Asturias midiendo la temperatura y las precipitaciones, en toda la costa asturiana hay 5 termómetros y una boya rayo, propiedad de Puertos del Estado. Y todos estos instrumentos están en la costa, no representan lo que puede estar pasando a 5 millas”, manifiesta Anadón. Un ejemplo cristalino de la oscuridad que aún envuelve a nuestros mares.

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Referencia bibliográfica

Philippart C.J.M.,Anadón R., Danovaro R., Dippner J.W.,Drinkwater K.F., Hawkins S.J.,Oguz T., O’Sullivan G., Reid P.C.”Impacts of climate change on European marine ecosystems: Observations, expectations and indicators” Journal of Experimental Marine Biology and Ecology 400 (2011) 52–69 doi:10.1016/j.jembe.2011.02.023

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Vía SINC. Autora: Laura Alonso / FICYT

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