Andares de dinosaurio asturiano

Como se comportaban y pisaban los terópodos, los dinosaurios bípedos y carnívoros cuando se introducían en suelos fangosos. De eso es de lo que trata un reciente artículo publicado por los científicos del Museo Jurásico de Asturias (Muja) en Lethaia , una prestigiosa revista noruega de paleontología. Las conclusiones del artículo forman parte de una investigación más amplia que permitirá comparar la forma de caminar de los terópodos con los saurópodos, los dinosaurios cuadrúpedos.

¿Y a qué conclusiones han llegado los investigadores? La base de la investigación son las estrías que han dejado en el barro por los límites entre las escamas poligonales que cubrían la piel de los terópodos”, señala el director científico del Muja, José Carlos García Ramos, uno de los autores del artículo junto a Marco Avanzini y Laura Piñuela.

El análisis de las estrías permitió, en todas las huellas de los dinosaurios terópodos “son reconocibles una rotación y un movimiento de traslación horizontal, dirigido hacia el exterior. Sin embargo hay diferencias en función del tamaño del dinosaurio y del estado del fango.

“Mientras que los terópodos pequeños hacían una huella menos profunda y extraen sus extremidades en vertical hacia arriba”, tal y como detalla José Carlos García Ramos, los medianos y los de mayor tamaño, al hundirse más en el barro, sacan sus patas en vertical “si ese barro es más firme”. Sin embargo cuando el fango es más fluido y pegajoso, “sacan el pie hacia atrás y luego hacia arriba”. Los científicos del Muja relacionan este movimiento con el ahorro energético.

Pero hay más. Según García Ramos, “también comprobamos que eso no dependía solo de la consistencia del barro, sino también de la velocidad de marcha: si iban rápido no hacían el movimiento hacia atrás del pie, pero sí cuando su marcha era más lenta”. Otra constatación fue que en una marcha normal, tal y como dejan en evidencia sus huellas los terópodos “no hunden todos los dedos”. Esa circunstancia cambia cuando se trata de barro blando. En este tipo de sustrato estos dinosaurios de huellas tridáctilas, “marcaban incluso el dedo uno, lo que viene a ser un espolón”, explicó el director científico del Muja, quien asegura que los terópodos se comportan como lo hacen las gallinas. “En barros fluidos sacan las extremidades de una forma parecida”, precisa García Ramos antes de añadir que “hicimos una comparación con una gallina y probamos que hacían ese mismo tipo de trazado, que era un movimiento relativamente frecuente en algunos animales”, añadió.

A la espera de finalizar las investigaciones respecto a la forma de caminar de los dinosaurios cuadrúpedos, García Ramos explicó ayer que, en el barro los terópodos, al ser bípedos, se comportan peor que los dinosaurios de cuatro patas que “son más estables”.

Para llegar a estas conclusiones los científicos del Muja estudiaron un total de 37 contramoldes de icnitas (huellas y subhuellas) de dinosaurios terópodos, todos procedentes de afloramientos de la Formación Lastres, localizados en su día en los acantilados de Villaviciosa y Colunga, en plena Costa Jurásica de Asturias. “Nos basamos en las huellas que tenemos en el Muja, con lo que podemos tener una idea aproximada de los distintos tipos de terópodos”, señaló José Carlos García Ramos, quien no dudó en afirmar que en la actualidad la colección de huellas de dinosaurio del Museo Jurásico de Asturias ya es “la tercera mejor colección del mundo por detrás de las de Massachusetts y Colorado”, indicó el director científico del Muja. En este sentido García Ramos destacó que esa variedad de huellas con las que cuenta el museo asturiano permite ver formas “muy distintas”. El análisis de las huellas se basó en una reconstrucción “tridimensional”.

Autor: Javier G. Caso. Vía La Voz de Asturias

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