Asturias entra en los circuitos del talento

Un grupo de alumnos del campus científico, trabajando ayer en un proyecto. Pablo Lorenzana

Un grupo de alumnos del campus científico, trabajando ayer en un proyecto. Pablo Lorenzana

El Módulo 3 del Edificio Departamental del Campus de Gijón acoge esta quincena, por segundo año consecutivo, a 30 alumnos de cuarto de la ESO. Llegan de toda España y tienen algo en común: su talento para las ciencias y sus buenas notas. Dedicarán estos días a varios proyectos. El de ayer repasaba la aplicación de la ingeniería electrónica en la vida cotidiana. Varias universidades colaboran en estos cursos veraniegos para adolescente. La de Oviedo organiza cuatro. Uno de ellos es el que se desarrolla en Gijón.

Todos los alumnos realizarán dos proyectos, con una semana de duración cada uno y con un horario de cuatro horas. Además por las tardes hay programadas otras actividades, que normalmente suelen ser lúdicas. Ayer estuvieron presentes en una charla sobre pistas y trucos para hablar en público.

No todos los que quisieron participar tuvieron la misma suerte, y es que, de 7.000 alumnos inscritos, sólo 3.200 fueron los elegidos. No fue fácil escoger a los participantes, ya que todos tienen un buen expediente académico. Para poder acceder a los campus tuvieron que pasar un examen. “La nota más baja entre todos nosotros es un 9,2”, comenta Helena González, una de las componentes del grupo y la única asturiana.

“A los chavales se les ve con ganas, están muy contentos y lo están aprovechando mucho”, afirma Juan Ángel Martínez, coordinador del proyecto y director del departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica, de Computadores y Sistemas.

No todos saben a lo que se van a dedicar en un futuro, pero lo que sí tienen son aspiraciones. “A mí me gustaría estudiar Medicina”, subraya David Martínez, de Murcia, que además recalca: “Yo había pedido el proyecto de investigación de células pero no me lo concedieron”, aún así manifiesta estar “muy contento”. Otra de las integrantes del grupo, Miriam de las Heras, estudiante del colegio María Moliner, de Madrid, explica que “vine a hacer estos proyectos para aclarar mis dudas sobre qué bachillerato hacer”, aunque después tiene claro que quiere matricularse en Magisterio y Psicopedagogía.

Todos y cada uno de ellos, independientemente de las ganas que tienen de aprender y de investigar, están de acuerdo en que “vinimos para pasarlo bien, conocer gente, cambiar de aires y disfrutar”.

Valle Tejedor, monitora del proyecto, que acabó la carrera de Química hace dos semanas, explica que “todos los gastos están pagados, lo único que corre a cuenta de los alumnos es el viaje”, y también quiso destacar “el buen ambiente que hay entre ellos”.

Autora: Leticia Villar. Vía La Voz de Asturias

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