La Universidad abre sus laboratorios a la empresa

Herminio Sastre, Belén Aybar y Santiago García Granda escuchan las explicaciones sobre la unidad de imagen preclínica en el Bioterio

Herminio Sastre, Belén Aybar y Santiago García Granda escuchan las explicaciones sobre la unidad de imagen preclínica en el Bioterio. Foto: J. Díaz

«Estamos empeñados en acreditar nuestros ensayos porque es la forma de avalar nuestros servicios y poder financiarlos». Quiere que  los utilicen independientemente de que los proyectos sean conjuntos o no.

Se ha convertido en el primer objetivo de la Universidad de Oviedo: abrir sus laboratorios más especializados, aquellos que concentra en sus servicios científico-técnicos, a las empresas. De forma total. Mediante contrato. Independientemente de que haya proyectos conjuntos o no. En buena parte la entrada ya está franqueada, en cuanto a que hace tiempo que, en pleno desarrollo de esa función de transferencia de conocimiento que ha ido adquiriendo la Universidad en los últimos años, se han desarrollado numerosos proyectos de investigación encargados por las empresas y realizados por la Universidad.

«Queremos ir un paso más allá. Queremos que realmente firmen contratos con la Universidad, que podamos dar un servicio acreditado de forma que consigamos tener una máxima financiación de los servicios, que no sean una carga para la Universidad», afirma Santiago García Granda, aún con la imagen en la retina del vicerrector de Investigación de esos tres laboratorios de última generación, de los que dos están a punto de entrar en funcionamiento en el campus de El Cristo. Uno en el edificio de servicios científico-técnicos Severo Ochoa y otro, en el Bioterio.

En total, 3,4 millones de euros para una unidad de imagen preclínica que permitirá hacer un seguimiento de tumores en ratones vivos para ver cómo van actuando los fármacos o detectar metástasis. Esa es la que ha nacido en el Bioterio. La del Severo Ochoa es un microscopio electrónico de transmisión que sirve para caracterizar materiales y de gran relevancia en las áreas de nanotecnología. Pero hay un tercer laboratorio, el de isótopos estables, determinante para fijar la edad o el lugar de residencia de las personas, entre otros fines, que también visitó ayer el consejero de Educación y Ciencia, a modo de acto de entrega de unas instalaciones financiadas con fondos europeos.

También Herminio Sastre apuntó, aunque ligeramente, la labor a desarrollar ahora por la Universidad para que «grupos de investigación, empresas u otro tipo de instituciones puedan utilizar esos equipamientos con el fin de que sea positiva su utilización». En ese sentido, Santiago García Granda añadió que «lo más importante es atraer a las empresas. Una de las cosas que estamos haciendo es optimizar recursos de forma que cada vez sean menos gravosos para la Universidad, que logremos unos ingresos del orden de los gastos que tenemos». Y para garantizar la calidad de los servicios, dos caminos: la acreditación nacional de los ensayos y la especialización del personal. «Estamos consolidando una plantilla de 36 técnicos. No quiero personal funcionario ni laboral, pero sí personal que se sienta estable, con contratos indefinidos, que tengan conciencia de que pertenecen a los servicios científico-técnicos, no a un grupo o a otro. Es personal muy especializado que nos interesa retener, pero si lo perdemos, lo gana la sociedad».

Vía El Comercio. Autora: Eva Montes.

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