En el reino del calamar gigante

El buque ‘Vizconde Eza’, en el que se realizó la exploración del cañón de Avilés

El buque ‘Vizconde Eza’, en el que se realizó la exploración del cañón de Avilés

El misterio anida en el reino del calamar gigante, pero los científicos del buque oceanográfico Vizconde de Eza han hecho su aportación para descifrarlo. El barco del Ministerio de Medio Ambiente acaba de finalizar el mapa de las depresiones del cañón submarino de Avilés, que llegan a alcanzar profundidades de hasta 4.800 metros. “Es como El Colorado sumergido en el mar”, afirma con un ejemplo gráfico Javier Cristobo, investigador que participó en la exploración de este enigmático espacio subacuático en el que habita el tenebroso cefalópodo y especies animales desconocidas aún para los biólogos.

Esta descomunal depresión constituye uno de los ecosistemas más extraordinarios de la plataforma del mar Cantábrico, donde se encuentran ambientes esenciales para los reproductores de importantes especies de interés comercial, como la merluza y el rape, que soportan las pesquerías en los caladeros situados en la plataforma circundante.

Antes del Vizconde Eza otras misiones probaron también suerte. La expedición Kraken trató de localizarlo y de filmarlo vivo, sin éxito. “Incluso National Geographic ha hecho algunas incursiones en otras partes del mundo pero sin resultados, y sigue siendo una gran incógnita científica”, afirma Cristobo, quien destaca que, pese a todo, “ésta es una de las zonas donde los calamares gigantes suele aparecer con más asiduidad, flotando en las aguas cuando se mueren o varados en las costas”.

“Un río submarino” “Pero no basta con tener la logística y la tecnología; dar con él es casi como buscar una aguja en un pajar”, añade Cristobo, que además de investigador científico es director del Oceanográfico de Gijón.

“El cañón de Avilés hay que entenderlo como el lecho de un río submarino. Para hacernos una idea sería como el Gran Cañón del Colorado, pero hundido a distintas profundidades. La cabecera del cañón tiene unos 200 metros de profundidad, pero a medida que avanza hacia el noroeste va hundiéndose más con distintos canales y ramificaciones y en la desembocadura de esa especie de río, ya en la plataforma abisal, llega a los 4.800 metros”, explica.

“Se trata de una orografía espectacular porque a pocos kilómetros de la costa ya nos encontramos grandes llanuras avisales de 4.500 metros de profundidad”, destaca.

Por otra parte, el litoral asturiano concentra la mayor biodiversidad de cetáceos del Cantábrico, siendo las especies más abundantes los delfines común, listado y mular y el calderón común, cuyas principales poblaciones habitan en las profundidades del cañón de Avilés, donde comparte hábitat con el emblemático calamar gigante.

Abordo del Vizconde de Eza han estado quince biólogos de los centros oceanográficos de Gijón, La Coruña y Santander (todos ellos del Instituto Español de Oceanografía), que acaban de finalizar una exploración en este buque, en la que han cartografiado todo el Cañón de Avilés para configurar un mapa de la orografía de esta gigantesca depresión submarina que comienza a unos 15 kilómetros de la costa avilesina y cuya máxima profundidad se alcanza a unos 35 kilómetros.

Ésta es la tercera campaña científica que se realiza en este singular paraje, tan rico en biodiversidad que se convertirá en una de las áreas marinas protegidas de España. El Vizconde de Eza lo ha explorado a fondo para captar sus dimensiones exactas, sus recovecos, y para buscar nuevas especies que lo habitan. Para recoger toda es esta información, los científicos han utilizado entre otros artilugios un trineo fotogramétrico, capaz de grabar imágenes a un metro del suelo y tomar fotos cada 30 segundos.

También utilizan redes para capturar especies del fondo, que luego analizan en los laboratorios del barco. Los suelos arenosos y los fangos se extraen con “una draga que baja en vertical para coger pequeñas muestras” y para las rocas se utiliza otro aparato específico, pormenoriza Cristobo, que participa también en el proyecto Indemares, en el que una decena de entidades de referencia en el ámbito marino estudian un total de 10 áreas costeras en España. El objetivo es completar la identificación de la Red Natura 2000.

Autor /a: F. Allende. Vía La Voz de Asturias

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