Dropsens fabrica instrumentos destinados a la investigación en electroquímica

David Hernández, director general de Dropsens. José vallina

David Hernández, director general de Dropsens. José vallina

Detectar el nivel de ácido úrico en sangre o la presencia de metales pesados en el agua. Estas son algunas de las aplicaciones prácticas de los sensores que desarrolla la empresa asturiana Dropsens, una compañía asturiana de base tecnológica que se dedica al diseño y fabricación de instrumentos para la investigación de electroquímica.

La actividad principal de la compañía es la elaboración de un electrodo serigrafiado de carbono, un sensor genérico a partir del cual se desarrollan diferentes aplicaciones en el campo clínico, medioambiental o agroalimentario.

David Hernández, director gerente de la empresa, explica en qué consisten esos electrodos. “Es una pequeña tarjeta de cerámica, que lleva un circuito eléctrico serigrafiado en la superficie que se transforma en un sensor que en contacto con una muestra posibilita el análisis de la muestra”. En la práctica, esto se traduce en el diseño y fabricación de elementos para el desarrollo de biosensores y otros accesorios, entre los que Hernández destaca “potenciostatos (instrumentos para la detección electroquímica) o kits de prácticas de laboratorio para la docencia universitaria”. Además, señala que la empresa también fabrica “instrumentos y electrodos serigrafiados siguiendo las especificaciones de los clientes”.

La innovación y la investigación en nuevos productos es una constante en una empresa que trabaja en un mercado con gran importancia del valor añadido en los productos.

Entre los instrumentos que fabrica, Hernández destaca unas características comunes, ya que solo comercializan sistemas “portátiles, de fácil uso, bajo coste y con resultados rápidos y fiables”. A modo de ejemplo, en el campo clínico se encargan del diagnóstico de patologías a partir de muestras de sangre, en el ambiental trabajan en la detección de patógenos en productos cárnicos y en el agroalimentario analizan la presencia de gases.

La compañía fue fundada hace cinco años y debido a una estrategia comercial basada en el comercio internacional no ha notado excesivamente la crisis. Desde que Dropsens comenzase su actividad empresarial, su ritmo de crecimiento anual fue del 80%, y para 2011 su presupuesto supera el millón de euros. La plantilla está formada por nueve personas, de las cuales tres son doctores y el resto licenciados.

La sede de la empresa está en el Parque Tecnológico de Asturias, en el edifico del CEEI. En estas instalaciones la empresa cuenta con una oficina, un laboratorio de I+D, un laboratorio de producción y otro de control de calidad.

El director de Dropsens tiene claro cual es su objetivo y, pese a la juventud de la empresa, apuesta por “convertirse en un referente en campo de los sensores gracias al desarrollo de una plataforma universal propia de análisis químico”.

Autor: Luis Fernández. Vía La Voz de Asturias

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