La cueva asturiense de Andrín estuvo ocupada en la Prehistoria y la Historia

La arqueóloga María Noval muestra el cráneo del «hombre asturiense» hallado en una cueva entre Purón y Andrín

La arqueóloga María Noval muestra el cráneo del «hombre asturiense» hallado en una cueva entre Purón y Andrín.

La cueva del «hombre asturiense» localizada en las obras de construcción del tramo Pendueles-Llanes, de la Autovía A-8 del Cantábrico, estuvo ocupada en distintos períodos de la Prehistoria y de la Historia, según se desprende de los restos humanos, de fauna, piezas líticas, cerámicas y la estructura megalítica hallados en el interior. Ubicada entre Purón y Andrín, el hallazgo de mayor relevancia es un cráneo humano casi completo, único en el mundo asturiense, y otros huesos humanos en un gran conchero, con unos niveles de potencia superior al metro, algo poco frecuente en este tipo de excavaciones.

«La estructura del conchero se ha recuperado con bastante claridad, lo que nos permite tener bastante detallada la historia, su configuración te permite trabajar rápido. Las conchas son un elemento de información climático muy importante», declaró ayer a LA NUEVA ESPAÑA Manuel González Morales, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria y especialista en el asturiense. El profesor González Morales e Igor Gutiérrez Zugasti, que también intervino en la excavación, trabajan ahora en el estudio y la investigación de los restos, sin ningún tipo de financiación. «Nos gusta y los hallazgos son muy interesantes», añade.

La excavación fue dirigida por María Noval Fonseca, responsable de los trabajos arqueológicos del tramo Llanes-Pendueles, y contó también con la participación de Orlando Morán.

González-Morales es muy prudente a la hora de hacer valoraciones sobre el material encontrado, «porque lo estamos procesando todo y estamos pendientes de la posible continuidad o no de la excavación». El profesor es consciente de que la decisión final «está entre el interés científico y patrimonial y el interés social de la obra. Para nosotros, lo ideal sería mantener la cueva», señala.

Lo cierto es que la excavación arqueológica se ha dado por finalizada. El Consejo de Patrimonio de la Consejería de Cultura cerró el expediente y lo que continuará ahora es el tratamiento y el estudio de los materiales. En lo que respecta a la obra de la autovía, el plan es proteger la cavidad. El descubrimiento obligó a la dirección de la obra a hacer una modificación del proyecto en el enlace de San Roque-L’Acebal, que paralizó los trabajos en esa zona durante un año.

La cueva, un abrigo con una gran visera que al parecer se había desmoronado con anterioridad a la presencia del «hombre asturiense», se excavó hace dos años, aunque la noticia del hallazgo no trascendió hasta hace unos días. Se trabajó una superficie de unos 25 metros cuadrados y desde el principio pudo comprobarse que había sectores claramente diferenciados en el yacimiento, en algunos casos por la distinta evolución de los procesos geológicos o climáticos, y en otros por la intervención humana en diferentes momentos. Las cerámicas halladas, algunas posiblemente de la Edad del Bronce, y otras medievales, indican también la ocupación del yacimiento en distintos períodos históricos.

El cráneo hallado, que, según González Morales no es completo, aunque casi, es la pieza de mayor relevancia, al ser único en el mundo asturiense, un período que abarca entre los años 7.000 y 4.000 antes de Cristo. Una de las muestras se ha enviado a la Universidad de Georgia para su datación, y su estudio antropológico será realizado, con toda probabilidad, por un miembro del equipo de Atapuerca.

El cráneo, que podría pertenecer a un individuo joven o inmaduro, bastante robusto, estaba entre conchas, huesos animales y carbones. En el mismo nivel se encontraron huesos humanos: parte de una pelvis, una mandíbula, huesos de las extremidades y costillas. Habrá que esperar a la investigación para saber si pertenecen a uno o más individuos.

Además de dos picos asturienses, la cueva albergaba una estructura megalítica, una cista construida con grandes bloques de piedra hincados en el suelo, vaciada en un momento posterior aunque no moderno, lo que explicaría la presencia de otros restos humanos revueltos en otro nivel.

Sobre este hallazgo, González Morales es más prudente si cabe: «Todo lo que podría decir es hipotético y creo que lo más importante es seguir trabajando».

Vía La Nueva España. Autor/a: Pilar Rubiera.

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