Valentín Fuster abre la vía a mejorar la calidad de vida en ancianos

Una dosis de sirtuinas, otra de telomerasa y un pellizco de células madre. Es la mejor fórmula que puede ofrecer hoy día la ciencia para retrasar el envejecimiento, según datos aportados por el cardiólogo Valentín Fuster en el curso magistral que ha impartido esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander.

Aunque los ingredientes de la fórmula no se encuentran en las farmacias, es posible hacer que el propio cuerpo los fabrique o, en el caso de las células madre, los mantenga. Para conseguirlo, es conveniente ingerir pocas calorías con la dieta y gastar muchas practicando actividad física.

El organismo se adaptará a la dieta escasa y a la actividad física intensa con cambios en las células y los tejidos que ayudarán a mantener el vigor de la etapa adulta hasta edades avanzadas. O, a la inversa, una dieta excesiva y una actividad física insuficiente acelerarán el envejecimiento, ya que comportarán un déficit de sirtuinas y de telomerasa y un agotamiento prematuro de las células madre.

“La visión que tenemos del envejecimiento está cambiando rápidamente” a medida que se presentan nuevos datos científicos, explicó Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en Madrid y del Instituto Cardiovascular del hospital Mount Sinai en Nueva York. Es “un campo de investigación fascinante que puede tener un gran impacto para mejorar la calidad de vida de las personas ancianas y además puede ayudar a contener los gastos sanitarios en el futuro”.

El objetivo práctico de esta línea de investigación es prolongar la salud hasta edades lo más avanzadas posible y concentrar los años de decrepitud en un corto periodo al final de la vida. Retrasar el declive propio de la edad, destacó el cardiólogo en una sesión de su curso magistral dedicada a la senescencia, tendrá efectos positivos tanto para mantener la salud cardiovascular como para conservar las facultades cognitivas.

Según la nueva visión que presentó Fuster, el envejecimiento ya no se ve como un proceso gradual que se inicia al principio de la edad adulta y termina con la muerte tras un deterioro progresivo del organismo a lo largo de varias décadas. Se ve, de manera creciente, como una reacción en cadena en la que, igual que en un coche que empieza a acumular averías, distintos órganos y tejidos se deterioran unos tras otros.

“Es un campo de investigación aún muy abierto”, explicó Fuster en una entrevista posterior con La Vanguardia. Pero “mi impresión personal es que, como todo en la biología, el envejecimiento es un proceso no lineal. Los resultados científicos que tenemos apuntan en esta dirección. Y todos hemos tenido la experiencia de encontrarnos a una persona conocida y pensar ‘le encuentro muy envejecido’”. [...]

Vía La Vanguardia. Autor: Josep Corbella.

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