El Nobel de Medicina distingue a tres grandes investigadores del sistema inmunológico

El estudio del sistema inmunológico humano es el ámbito común de investigación de los tres galardonados ayer con el premio Nobel de Medicina: el estadounidense Bruce Beutler, el francés de origen luxemburgués Jules Hoffmann y el canadiense Ralph Steinman, que falleció el pasado viernes.

La mitad del premio en metálico recayó en los dos primeros científicos por «sus descubrimientos relacionados con la activación de la inmunidad congénita», informó el Instituto Karolinska de Estocolmo. El resto, en teoría, estaba destinado para Steinman, por «su descubrimiento de la célula dendrítica y su papel en la inmunidad adaptativa», pero su muerte -desconocida por la Academia sueca en el momento del fallo- a causa de un cáncer de páncreas ha creado una situación inédita en la historia de los Nobel.

Los tres galardonados acumulan un currículo en investigación inmunológica de gran altura. Beutler, por ejemplo, ha identificado varios genes esenciales en la respuesta inmunológica de los mamíferos ante las infecciones microbióticas y ha descubierto numerosas moléculas esenciales ligadas a la inmunidad congénita. Entre los premios recibidos figuran el «Shaw» (2011), el «Robert Koch» (2004) y el «Balzan» (2007), además del Gran Premio «Charles-Leopold Mayer» (2006). El científico estadounidense es una eminencia en el campo de la inmunología, como lo demuestra su aparición desde 2001 en la lista de investigadores más citados del Instituto de Información Científica.

Una de las aportaciones clave de Jules A. Hoffmann fue la descripción de los mecanismos genéticos que posibilitan y controlan la inmunidad congénita, primero en insectos y luego en mamíferos. Entre otros, Hoffmann ha recibido en los últimos años la medalla de oro del CNRS (2011), los premios «Robert Koch» (2004), «Balzan» (2007) y «Shaw» (2011), así como el galardón del Centro de Investigación Oncológica William B. Coley (2003).

Ralph Marvin Steinman documentó y explicó el apasionante «trabajo» de las células dendríticas. Estas células, que están presentes en las regiones superficiales del organismo, son capaces de capturar patógenos y de «presentárselos» a otras células, los linfocitos T, que son las encargadas de elaborar anticuerpos específicos contra cada microbio concreto.

Por su investigación en este campo, Steinman recibió en los últimos años el «Albert Lasker» de Investigación Médica Básica (2007) y el Premio Internacional de la Fundación Gairdner (2003), así como el galardón del Centro de Investigación Oncológica William B. Coley (1998). Además, Steinman era miembro del Instituto estadounidense de Medicina desde 2002 y de la Academia Nacional de las Ciencias desde 2001

El inmunólogo francés Jules Hoffmann, uno de los tres galardonados, expresó su sorpresa al afirmar que no pensaba que su trabajo sobre el sistema inmune «despertaría la atención» a ese nivel. «No estaba seguro de que este ámbito merecía un Nobel. No pensaba que nuestra contribución llamaría tanta atención», afirmó en una conversación telefónica desde Shanghai retransmitida por el Centro Nacional galo de Investigación Científica (CNRS), en la que se mostró sobre todo «muy contento» por la gente que ha colaborado con él. «Es el trabajo de estos tres grupos el que ha permitido tener una mejor comprensión de la inmunidad congénita», explicó Hoffmann, quien destacó que la labor realizada implica una gran cantidad de «aspectos humanos y científicos, suerte y apoyo técnico y financiero».

Por su parte, la hija de Steinman, Alexis Steinman, subrayó que la familia está emocionada por la concesión de un premio que supone un reconocimiento a toda su carrera. «Estamos muy conmovidos porque los muchos años de duro trabajo de nuestro padre hayan sido reconocidos con un premio Nobel. «Dedicó toda su vida a su trabajo y a su familia y se sentiría verdaderamente honrado», agregó. Steinman logró sobrevivir un tiempo «extra» gracias a una terapia basada precisamente en sus propios descubrimientos.

La Sociedad Española de Inmunología (SEI) mostró ayer su satisfacción por un premio a las aportaciones en el campo de la inmunología, una disciplina «tan importante como cualquier otra» que, sin embargo, en España está «infravalorada». Así lo puso de relieve el jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Clínico de Barcelona y miembro de esta entidad, Manel Juan Otero, quien recordó que «pese a que la inmunología ha recibido varios premios Nobel, nuestro país no apuesta por esta especialidad».

Juan Otero lamentó la situación que vive la inmunología en el campo académico, ya que hay muchas facultades de Medicina en España donde esta especialidad «no es impartida por inmunólogos, sino por microbiólogos o fisiólogos». A juicio del jefe de servicio del Clínico, «hay poco desarrollo y reconocimiento de este área», tal vez a causa «del carácter transversal» de la disciplina.

Bruce Beutler, inmunólogo y genetista, nació en Chicago (Estados Unidos) en 1957 y desde hace cuatro años es presidente del departamento de Genética del Instituto de Investigación Scripps de California. Sus principales aportaciones, a juicio de la comunidad científica, son sus estudios, pioneros en el ámbito molecular y genético, y en el de la inmunidad congénita. Sus investigaciones han supuesto avances significativos en la lucha contra el cáncer, la artritis reumática o la enfermedad de Crohn.

Jules A. Hoffmann, de nacionalidad francesa, nació en Echternach (Luxemburgo) en 1941 y en la actualidad es director de investigación y miembro de la Junta de Administración del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia y presidente de la Academia Francesa de las Ciencias. Ya desde la década de 1960, el científico, graduado en Biología y Químicas y doctorado en Biología, centró sus trabajos en la respuesta inmunitaria de animales y humanos.

Ralph Marvin Steinman nació en 1943 en Montreal (Canadá) y hasta su muerte, el pasado viernes, trabajaba como inmunólogo y biólogo celular de la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos). Steinman obtuvo el reconocimiento de la comunidad científica tras acuñar en 1973 el término «células dendríticas» para designar a un tipo de células que, además de fagocitar patógenos, desempeñan un papel esencial en la lucha del organismo contra los elementos externos nocivos.

Vía Agencias / La Nueva España

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