Fraude en el etiquetado de merluza

Se confirma que continúa el fraude en el etiquetado de merluza gracias a la investigación realizada en la Universidad de Oviedo, solicitada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, The International Consortium of Investigative Journalists) que ha querido saber si se continuaba vendiendo como merluza otras familias, e incluso especies, de pescado de menor valor comercial y de precio más bajo. La respuesta es afirmativa, nos venden como merluza otros pescados.

Habéis leído bien, continúa el fraude, y es que a finales de año y también el pasado mes de marzo, se conocían los resultados de una investigación realizada en la Universidad de Oviedo que determinaba que casi el 40% de merluza consumida en España estaba mal etiquetada, tanto por el nombre científico de la especie como por su origen geográfico (indican que proviene de Europa o América, siendo realmente de aguas africanas). La forma de conocer la verdad es analizando el ADN, obteniendo la información genética del pescado para detectar fraudes.

Los nuevos resultados que revelan el fraude en el etiquetado de merluza, cifran en casi un 10% el volumen de pescado mal etiquetado, según la publicación de Mar Cabra, Marcos García Rey y Kate Wilson, quienes tuvieron la iniciativa de analizar el pescado que se comercializa como merluza en Madrid, se ha hallado bagre (panga) de Vietnam y granadero del Océano Pacífico entre otros productos marinos más baratos que la merluza, con una clara intención de engañar a los consumidores.

Destacar que se tomaron 150 muestras de merluza de pescaderías, mayoristas y supermercados de Madrid como Hipercor, Eroski, Alcampo o Carrefour, una muestra mínima que puede llevarnos a pensar que el fraude en el etiquetado de merluza alcanza un porcentaje mayor al identificado en esta investigación, no olvidemos el 40% mencionado en el estudio anterior. Sorprendentes las declaraciones de algunas autoridades: “¿Alguien puede morir? No. Entonces se trata sólo de dinero”. Disculpen, pero saltó la alerta del riesgo para la salud infantil y de las embarazadas del panga vietnamita, qué menos que poder decidir si se consume o no, si se quiere pagar por él o no.

La merluza es uno de los pescados más apreciados y consumidos en España, es uno de los más aceptados por los niños en sus distintos formatos, y su consumo se extiende desde la infancia a la edad adulta de buen grado. Conociendo el fraude y no disponiendo de la posibilidad de tener garantías de que el pescado que se está comprando en la pescadería o en el supermercado es merluza europea, de mayor calidad y precio que la africana o de otros países, y por supuesto que el panga o el granadero, no sorprenderá que desciendan sus ventas. Al final no sólo pierden los consumidores, también pierden los pescadores, este fraude comercial sólo pretende beneficiar el bolsillo de los intermediarios que saben lo que compran y disfrazan lo que venden. Estamos hartos de fraudes, de engaños… y ojo a un dato, El Corte Inglés, al conocer los resultados de esta investigación, llevó a cabo su propio análisis de ADN y retiró más de una tonelada de pescado mal etiquetado, y ya han declarado las medidas drásticas que van a tomar con su proveedor.

Se alude a las malas prácticas en el etiquetado, al conocimiento de que la ley, aunque obliga a identificar los productos pesqueros vivos, frescos, refrigerados o cocidos, con la denominación comercial y científica de la especie (entre otros datos de los que os hablaremos en breve), no obliga a que los países miembros de la UE realicen pruebas de ADN para verificar que el producto que reciben corresponde a lo que se especifica en las etiquetas. En su defensa, muchos argumentan que se trata de fallos humanos en lugar tratarse de fraude comercial que busca el beneficio económico. ¿Hay que creerles?

Si sólo fuera que nos están cobrando precios muy superiores por producto de baja calidad… pero como sucede con todo lo que engrosa los bolsillos a través de malas artes, no les preocupa la salud de la población. Destacamos las declaraciones de Beatríz Rodríguez, alergóloga del Hospital Universitario de Madrid, que afirma que cada vez es más habitual desarrollar sensibilidad a un grupo de especies particular de pescados, como el bagre, sin necesidad de ser alérgico a cualquier otro pescado. El grupo poblacional más joven es el más vulnerable, y el problema está en la pescadería que ofrece ‘panga por merluza’, en la falta de garantías que tiene la madre a la hora de comprar merluza, y en mayor medida en el niño que lo consume y que puede sufrir problemas respiratorios, diarrea, urticaria…

No conocer el origen real del pescado es también un problema que puede afectar a la salud, pues como sabemos, los científicos advirtieron de los riesgos de ciertos pescados de algunas regiones geográficas por las toxinas o el mercurio en el pescado, recordemos al respecto las recomendaciones de Oceana sobre la información sobre el contenido de mercurio en el pescado de los supermercados.

Sobre estas líneas os dejamos el vídeo realizado mientras los periodistas compraban el pescado en distintos mercados de Madrid, realizan las pruebas de ADN, explican los problemas del fraude en el etiquetado de merluza, etc. Las pruebas de ADN son necesarias para combatir el fraude, pero según comenta el científico Ricardo Pérez, siente frustración por la falta de interés de los gobiernos regionales que argumentan que no hay dinero para el desarrollo de herramientas que mejoren el control de los productos, el Ministerio sólo hace pruebas genéticas de forma ocasional. Así que por su cuenta, está trabajando en el desarrollo de un kit, similar al de la prueba de embarazo, para que en sólo unos minutos se pueda verificar la especie de pescado que se está analizando.

Dada la difusión a nivel internacional que ha tenido la noticia del fraude en el etiquetado del pescado en España, esperamos que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto.

Vía Gastronomía & Cía.

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