“En un laboratorio, a veces lo más importante es la cafetería”

Charles Leadbeater

Charles Leadbeater. Foto: Jordi Roviralta

Charles Leadbeater, experto en innovación; acuñó el concepto ‘emprendedor social’. [...]

- Usted es pionero en innovación, un concepto que ahora no es nada innovador.

No es innovador cuando se aplica mal. Muchas empresas se creen que por poner un ping-pong y una máquina de café, ya surgirán las ideas y los creativos… Y no es eso.

- ¿Y qué es?
La creatividad surge en el libre y placentero intercambio de ideas entre personas que se saben iguales –aun con funciones diversas– en ambientes que propician la complicidad.

- Por ejemplo.
En un laboratorio, los microscopios a veces son tan importantes como la cafetería.

- Pues en cafeterías y bares, España es una potencia mundial.
La cafetería en este caso sólo es un símbolo de la complicidad y el intercambio de ideas en horizontal: fluido y amigable. Como sucedía en la cafetería del mítico laboratorio de Biología Molecular de Cambridge.

- ¿Hay que ir a la cafetería a investigar?
Allí era imprescindible. Y no lo digo yo, lo repetía el premio Nobel de Medicina Sydney Brenner, que siempre recordaba cómo en la cafetería del laboratorio se discutía informalmente sobre las investigaciones y allí todos contribuían a ellas y así se motivaban.

- ¿Meterse en el despacho no ayuda?
Todo cuanto te aísle te aleja de la fuente de las ideas, que no es tu cerebro, sino las mentes de tu equipo: tu red creativa. Si tienes una tribu creativa inteligente, aprendéis juntos a ver cosas nuevas en lo obvio.

- No sé si le sigo…
Lo obvio es la rutina; los cargos, lo previsible; lo que sabes que debes hacer como todo el mundo… Por eso muchas empresas son enemigas de la innovación, porque en ellas importa más cumplir con lo esperado que superar lo previsto. En esas empresas se te considera no por el valor que creas, sino por el cargo que ocupas. Esas organizaciones son incompatibles con la innovación, y eso hoy significa desaparecer.

- ¿Cómo se hizo usted innovador?
Fui periodista y, por lo tanto, vivía de lo nuevo, la noticia, que es su esencia…

- Al menos debería ser.
En el Financial Times me especialicé en el impacto de las nuevas tecnologías. Entonces, en los noventa, Japón era el sitio.

- ¿Ya no lo es?
Japón –y Corea– siguen siendo eficaces en mejoras tecnológicas incrementales…

- ¿Qué quiere decir eso?
Que allí cogen un invento americano, sueco o alemán y lo convierten en eficaz cadena de montaje, que perfeccionan cada día con las ideas de todos los trabajadores.

- ¿Y eso no sirve para inventar?
Sus jerarquías les impiden inventar cosas desde cero. La rigidez jerárquica acarrea la rigidez cognitiva y la paralización de la inventiva. Por eso, un día volviendo de California a Japón, entendí que Silicon Valley seguiría siendo el sitio de los grandes inventos, y Corea y Japón, el de las grandes fábricas que los convertían en productos.

- Pero… ¿por qué en California sí?
Porque en California importa más la idea que la estructura; el valor que eres capaz de crear que tu cargo; aunque no olvide que cierto orden es necesario para la gestión productiva. Así que toda empresa innovadora debe resolver esa aparente contradicción: orden, pero con innovación.

- Eso significa un orden sin órdenes.
Sí, y requiere gran inteligencia colectiva.

- ¿Competir y cooperar al tiempo?
Es lo que hacen en los grandes equipos. [...]

Fuente: La Vanguardia

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