Francisco Morís: “España es un país emergente y de moda en biotecnología, y en el exterior hay expectación sobre lo que el sector pueda dar de si”

Francisco Morís y su equipo en Entrechem.

Francisco Morís y su equipo en Entrechem.

Francisco Morís Doctor en Química Orgánica por la Universidad de Oviedo y cofundador y Director Gerente de la empresa de biotecnología EntreChem SL. Francisco Morís es uno de esos españoles formados por el mundo, habiendo realizado una estancia postdoctoral en un centro de primera línea en EEUU y con experiencia laboral tanto en una start-up como en una gran multinacional, ambas en Estados Unidos.

Francisco se trasladó en 1995 a San Diego, donde trabajó en The Scripps Research Institute bajo la supervisión del profesor Chi-Huey Wong, actualmente presidente de la Academia Sinica de Taiwán. En 1997 se incorpora a ThermoGen, una start-up biotecnológica de Chicago, donde llega a ocupar el puesto de Director Asociado de Biocatálisis, hasta mediados de 2002. En el año 2000, ThermoGen es adquirida por MediChem Life Sciences y en 2002 MediChem se fusiona con deCode Genetics . En 2002 Francisco Morís se traslada a Syracuse (Nueva York) a trabajar en el equipo de investigación de procesos de la multinacional Bristol-Myers Squibb.

Gracias al empuje de dos catedráticos de la Universidad de Oviedo -el actual rector, Vicente Gotor y José Antonio Salas- se fundó EntreChem, una start-up biotecnológica donde Francisco Morís asume la gerencia hasta la actualidad. Hoy EnteChem es una empresa con presente y con gran futuro en España, con varios proyectos terapéuticos en cartera muy focalizados en el cáncer y en fase preclínica.

Francisco Morís nos puede hablar de qué significa destinar recursos a la I+D, contratar y retener a un equipo con talento y sobre cómo sobrevivir en un mundo de escasa facturación y alto riesgo durante los primeros estadios del proyecto. Todo un reto lograr hacer crecer a una spin-off para convertirla en algo global de alto valor añadido.

¿Cómo surge EntreChem? ¿Cómo es eso de dar el salto de la “cuna de la biotecnología” a una región del norte de España con un desierto en esta tipología de empresas?

Surge al darnos cuenta de que técnicamente no tenemos nada que envidiar a lo que se hace afuera. Los catedráticos lo percibían por sus colaboraciones con la industria y otros científicos académicos, y yo mismo lo percibí en mi experiencia americana. Por supuesto, somos conscientes de las carencias, pero es normal que el inicio de las empresas, del tipo que sean, esté ligado al lugar donde está la materia prima, en este caso el talento científico técnico.

Se habla mucho de I+D+i, y se asocia la “i” de innovación a las empresas. Hay pocos casos donde las empresas hagan “I” de investigación. Esa “I” está asociada a riesgo (no se sabe si lo que tratas de resolver o descubrir será posible o no; después no se sabe si al lograrlo será económicamente viable producirlo y es aún más incierto saber si el “mercado” lo aceptará). ¿Crees que en España están resueltos los instrumentos de apoyo público que traten, precisamente, de compensar estos riegos y “fallos del mercado”?

En España existen apoyos en la administración pública para llevar a cabo I+D+i, entidades como ENISA o CDTI se encargaron históricamente de modernizar el sistema productivo (algo tan básico como incorporar nueva maquinaria a las industrias para evitar que quedasen obsoletas) y más recientemente se han abierto a la “I” y a la “D”, con instrumentos financieros en algún caso muy innovadores, como la iniciativa NEOTEC, que nos pone al nivel de Israel, país del que se habla poco pero que lleva más de 50 años de innovación científico-técnica aplicada. Estos instrumentos chocan con la ley de Subvenciones, que exige participación privada, lo cual en el caso de spin-offs universitarias es difícil y obliga al grupo promotor a buscar capital de terceros. Hay que decir que la crisis está deteriorando la calidad de los instrumentos públicos nacionales (las ayudas europeas del FP7 siguen a buen ritmo), con lo que el capital privado tendrá más protagonismo en el futuro inmediato. También se echa en falta un alineamiento de recursos entre la Administración Central y las Comunidades Autónomas, de manera que no se dupliquen esfuerzos, sino que se complementen.

La conexión universidad-empresa es un tema estrella. No hay plan de ciencia y tecnología de cualquier país o región que no lo plantee, pero todos los indicadores al respecto colocan a España en una posición relativamente mala. En cambio, EntreChem surge y se desarrolla como una empresa en el seno de una Universidad. ¿Qué hay que hacer para que surjan más iniciativas de este estilo?

Se habla mucho, como bien dices, de esta conexión, pero pocos quieren realmente trabajarla a fondo, pues es complicado conjugar los intereses de la ciencia básica y el mercado. Si hablamos de la empresa ya establecida buscando apoyos puntuales en la Universidad (pull), esto ya existe y está regulado desde hace tiempo, pero el dinamismo que crea es limitado.

Si queremos valorizar la investigación académica (push), la relación hay que verla como el “diamante en bruto” que debe ser pulido para ser “vendible”, pero esto significa gestionar culturas diferentes y luego la propia burocracia. Nuestras universidades han ido por detrás en licencias de explotación, generación de spin-offs, participación de profesores o de la propia institución, y por supuesto imposible contar con financiación activa por parte de las Universidades.

Para que surjan más iniciativas de este tipo hay que crear instrumentos de financiación de capital semilla a nivel local focalizados a la I+D, con criterios homologables a los fondos e inversores grandes de capital riesgo, que serán a los que se venda la empresa una vez alcance cierta madurez.

¿Cuál crees que es el papel que ha de desempeñar la Universidad respecto a los emprendedores?

La Universidad debería fomentar más la cultura emprendedora, una idea sería exponer a los alumnos a las experiencias de los emprendedores cercanos, quizá salidos de la propia universidad, para que la formación no sea solamente impartida por funcionarios sin experiencia en el mundo real, ni como empleados ni mucho menos como empresarios.

¿Qué hoja de ruta habría que llevar a cabo para conectar más las necesidades de las empresas y del mercado, con las capacidades y posibilidades de resolución de problemas que existe en la Universidad?

Creo que aquí la pelota está en el tejado de los empresarios, que quizá en España no hayan valorado suficientemente la preparación de las personas en la empresa. Es cierto que uno puede encontrar empleados muy válidos sin formación universitaria, pero los proyectos sofisticados, que requieren no sólo como bien dices resolución de problemas, sino trabajo en equipo comunicándose asociativamente, sólo pueden hacerse con empleados con un mínimo nivel formativo, de licenciado para arriba.

Has pulsado mucho la cultura americana, te has imbricado en su sistema educativo y productivo. ¿Qué importarías de su sistema? ¿Cuáles son las grandes diferencias entre Estados Unidos y Europa y entre Europa y España?

Aunque Europa la conozco menos, la desventaja que tenemos respecto a ellos es que llevan más tiempo haciendo las cosas bien. Nosotros debemos, como país, correr más para alcanzar las metas que para ellos ya son agua pasada. En EEUU hay dos cosas que llaman mucho la atención, por el contraste que representan con Europa, pero sobre todo España: las empresas cuidan mucho el talento, y hay un énfasis en el desarrollo del empleado como profesional. Por otro lado, las Universidades punteras, que están en boca de todos nosotros, están a años luz por el simple motivo de que forman líderes, no “buenos empleados” que es lo máximo que podemos obtener de nuestro sistema educativo. [...]

Vía Sintetia. Autor: Javier García.

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