El ‘gochu’ deja marca

La relación de Asturias con el gochu asturcelta viene de muy lejos. Ya los romanos conocían y disfrutaban de sus buenas cualidades. Pero estuvo a punto de perderse. El éxodo del campo hacia la ciudad y la presión comercial que obligó a los ganaderos a producir para vender y no para consumo propio, colocó a la especie en una situación muy delicada. Tanto que está en peligro de extinción. Desde hace años, productores, ganaderos, e investigadores luchan por recuperarla. Y lo están consiguiendo.

Hace dos décadas decidieron rastrear aldeas y brañas de toda la región hasta encontrar ejemplares del gochu asturcelta. A lo largo de esos 20 años localizaron animales en Allande, Illano, Cangas del Narcea, y Miranda, que conservaban los viejos campesinos. En 1998 comenzaba la recuperación. Lo hicieron dos criadores a partir de tres gochas y un verraco. Con el tiempo se sumaron nuevos criadores y en 2004 ya eran ocho. El censo se había conseguido multiplicar: cinco verracos y nueve cerdas. Un año más tarde se daba un paso más. El Gobierno asturiano inauguraba en Villaviciosa el Centro de Reproducción junto con el Serida. Lo inauguraban con seis cerdas y dos verracos. Hoy en día, aunque la especie sigue en peligro de extinción, ya hay más de 400 hembras y 150 machos y se han marcado 3.200 ejemplares Ayer, la Asociación de Criadores presentó la marca Gochu Asturcelta y cuatro negocios del sector cárnico firmaron los primeros contratos para comercializar oficialmente la marca. De esta manera se garantiza la venta del producto de esta raza, y se asegura el complimiento de las normas de cría. Con la marca oficial, los ganaderos asturianos confían en aumentar los datos de comercialización. Este año se mataron 200 canales, y según el presidente de la asociación José Manuel Iglesias, la intención es que se alcancen las 500 el próximo año.

El aprovechamiento de carne es de unos 120 kilos por animal. Y el ganadero recibe en torno a 3,35 euros por cada kilo, “por encima del cerdo ibérico de recebo, que es nuestra principal referencia”, señala Iglesias.

Las diferencias respecto a otras razas ya están presentes desde el primer día. Nacen sin partideras, lo que permite al gochín y a su madre establecer una relación más cercana. Al no estar enjaulada, la hembra puede decidir cómo y cuándo alimentar a su cría. Ya en los primeros días salen juntos al monte y su alimentación no se completa ni con pienso, ni con vitaminas. Es totalmente natural. A diferencia de otras razas, el pequeño necesita cinco o seis semanas mamando de su madre para conseguir un peso entre cinco y seis kilos porque no están encerrados en una nave, sino al aire libre corriendo.

El presidente de la asociación José Manuel Iglesias destacó la ilusión del sector, y la esperanza de que el dinero que genere esta producción “revierta en el campo asturiano”. Por su parte, el consejero del rango, Albano Longo, mostró su deseo de que la recuperación de esta raza y su comercialización oficial sirva como “ejemplo simbólico” para otras producciones en Asturias.

Vía La Voz de Asturias. Autora: Carolina García.

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