Valnalón, un ejemplo de innovación

La historia de la ciudad industrial de Langreo y la figura de su ex director José Manuel Pérez «Pericles».

De nuevo a petición de mi estimada asociación Cauce del Nalón, que no me hace otros encargos que aquellos que gustosamente acepto, me parapeto delante de la pantalla y el teclado, en esta ocasión para hacer referencia al acto que, bajo el título «Valnalón: una experiencia pionera de cultura emprendedora», se celebrará el próximo viernes día 21 de enero a las 20:00 en la Casa de la Buelga de Ciaño.

En el mencionado acto, todos los asistentes tendremos la oportunidad de reflexionar sobre el mundo de los emprendedores de un modo general, y en particular compartir la dilatada experiencia en este campo de nuestro apreciado José Manuel Pérez «Pericles», que recientemente ha finalizado sus obligaciones laborales en Valnalón, y que a partir de ahora podrá, sin duda, disfrutar del placer adicional que proporcionan todas aquellas actividades que, desprovistas del calificativo de obligatorias, se hacen por voluntad propia.

Todos los que somos vecinos de la Comarca del Nalón sabemos ubicar espacialmente Valnalón sin mayor dificultad, pero quizás los más jóvenes desconozcamos su ubicación temporal, ya que este referente de la actividad empresarial en nuestro territorio fue concebido en el año 1985 como consecuencia de un acuerdo entre el Ayuntamiento de Langreo, el Principado de Asturias, la por entonces Ensidesa y Metalsa (como filial de Ensidesa). En aquel momento, Aladino Fernández, Pedro de Silva, Fernando Lozano y Román Rodríguez Vijande, rubricaron el documento en representación respectiva de las partes mencionadas.

Si bien 1985 se puede considerar como el año de la concepción, no sería hasta un par de años más tarde, cuando un nuevo convenio (en este caso firmado entre el Ayuntamiento de Langreo, la Consejería de Industria y el IFR, actual IDEPA) permite el alumbramiento definitivo de Valnalón en el mes de abril de 1987, y supone el nombramiento de Pericles como Director-Gerente responsable de materializar y liderar un proyecto que hasta esa fecha pertenecía únicamente al mundo de las ideas.

Ya desde el mismo año de su concepción, Valnalón se erige en un estandarte de la innovación y la cultura emprendedora. Y en este punto, es interesante hacer notar que, además de funcionar como un semillero de proyectos emprendedores, la creación del propio Valnalón fue un proyecto emprendedor e innovador en su tiempo.

Esto es así, porque en la década de los 80, la durísima reconversión en la siderurgia asturiana, introdujo en la agenda política de Langreo la necesidad proporcionar un nuevo uso a unas instalaciones que los procesos de deslocalización industrial habían dejado obsoletas. Esta necesidad, se logró transformar en virtud a través del diseño de un proyecto que se podía calificar como emprendedor para su tiempo y lugar por la innovaciones que aportaba, y que se podrían sintetizar en tres principales. Primera, se creaba el primer centro de empresas en nuestra región. Segunda, se ubicaba una zona industrial limpia, cuidadosa con el medio ambiente y en perfecta armonía con un entorno residencial. Y tercera, todo esto se hacía con una especial sensibilidad hacia la conservación de la riqueza del patrimonio industrial existente.

Si el tiempo, juez implacable, nos permite calificar hoy como exitoso el proyecto emprendedor que en su día fue la creación de Valnalón; no menos exitosa se ha demostrado la decisión de poner a Pericles al frente del proyecto desde un principio. La limitada extensión de este texto y la poco avezada escritura del que suscribe, vulgarizarían y simplificarían injustamente su singular y encomiable trabajo al frente de Valnalón, así como su impagable labor de difusión de la cultura emprendedora.

Además cualquiera que, como yo, haya estado con Pericles últimamente, desiste rápidamente de tratar de hacer ningún tipo de glosa, al percibir que le queda, como suele decirse, «cuerda para rato»; y que comienza para él un nuevo capítulo vital que dará cumplida continuación al que ha concluido recientemente en su trayectoria como emprendedor.

Y es que, aunque un emprendedor puede serlo en distintos ámbitos: empresarial, social, científico, etc.; siempre se caracteriza por su actitud frente al futuro. De modo que en ese futuro donde pueden ubicarse la indefinición, la incertidumbre, el riesgo o el temor a lo desconocido; un emprendedor percibe un abanico de posibilidades y lo identifica como el campo en el que se recogerán los frutos de su labor presente.

No obstante, toda actividad emprendedora (para merecer este calificativo y no el de temeraria), requiere una formación y un aprendizaje que, por un lado evite cometer determinados errores fatales con consecuencias previsibles y, por otro que enseñe a extraer el componente didáctico del error, en lo que constituye la base de lo que suele denominarse «método de prueba y error». Asimismo, y de un modo más general, la formación emprendedora, muestra el camino para perder el «terror al error», y garantiza la existencia en nuestra sociedad de emprendedores dispuestos a desbrozar la senda del progreso y del bienestar.

Siempre han sido necesarias personas que hagan esta labor formativa, pero quizás más aún en una coyuntura como la actual. Pericles, seguimos contando contigo.

Enroque Fernández Rodríguez

Vía: La Nueva España

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