El primer virus creado y censurado por el hombre

Veterinarios tomando muestras de gripe aviar en Malasia

Veterinarios tomando muestras de gripe aviar en Malasia. Foto: AFP.

La retención de dos estudios sobre la gripe H5N1 contagiosa entre mamíferos levanta una polémica sin precedentes en la comunidad científica. La OMS se reúne la próxima semana para analizar la situación.

Hace unos meses, en un laboratorio científico de alta seguridad de Rotterdam (Holanda), sucedió algo tan temible como esperado. Un hurón al que le habían inyectado el virus de la gripe aviar H5N1 le pasó la enfermedad a un congénere por el aire, a través de una tos o un estornudo. La cadena de contagios continuó, y más hurones sufrieron fiebre, moqueo y estornudos característicos de la enfermedad.

Los investigadores que los observaban al otro lado del cristal supieron en ese momento que tenían algo grande entre manos. Por primera vez, una variante del H5N1 había evolucionado para transmitirse entre mamíferos.

Por el momento la gripe aviar H5N1, que según la OMS ha matado a 340 personas, no se transmite entre personas, sino sólo de aves a humanos. El valor del virus de Rotterdam era por ello incalculable. Su estructura genética permitía averiguar qué mutaciones son necesarias para que la gripe aviar salte la barrera entre especies y comience a transmitirse entre mamíferos.

Como si se tratase de la fotografía de un criminal, los investigadores del Erasmus Medical Center, con Ron Fouchier a la cabeza, detallaron las características del virus para difundirlas por laboratorios de todo el mundo a través de una revista científica. A su vez, los laboratorios de referencia que vigilan la expansión de la gripe aviar podrían haber usado ese retrato para dar la alerta temprana ante mutaciones “sospechosas” y desarrollar nuevas vacunas.

Pero nada de esto sucedió. El pasado diciembre, en un hecho sin precedentes, un panel científico de bioseguridad del Gobierno de EEUU, el NSABB, recomendó que aquel estudio no se publicase. Lo mismo dijo sobre otro trabajo realizado en EEUU por Yoshihiro Kawaoka y que también contenía detalles sobre variantes del H5N1 transmisibles entre mamíferos.

Los 22 investigadores que respaldaban la decisión advertían de que, si el virus escapaba del laboratorio o si supuestos terroristas lograban replicarlo, sucedería una “catástrofe inimaginable”. En un artículo publicado en la revista Nature, una de las dos que debían publicar los estudios del H5N1, compararon la situación con la que existía en la década de 1940 con el desarrollo de las primeras bombas nucleares.

Poco después, Science y Nature acordaron no publicar los estudios. Los autores de los dos trabajos criticaron la censura y relativizaron el riesgo que la publicación supondría en términos de bioterrorismo. Pero, empujados por la creciente publicidad del caso y sus implicaciones, acordaron firmar una moratoria de 60 días en las que se comprometían a parar en seco sus estudios sobre el H5N1. Junto a ellos firmaron decenas de expertos en gripe de todo el mundo que apoyaban su decisión de cara a la galería.

El virus de Rotterdam ha desencadenado una de las mayores polémicas científicas de las últimas décadas. La censura ha dividido a la comunidad científica entre defensores en virtud de la seguridad y críticos que ven una zancadilla innecesaria a los esfuerzos de vigilancia contra la gripe aviar. Por el momento, el asunto no tiene solución. [...]

Vía Público. Autor: Nuño Domínguez.

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