Un tercio de la energía utilizada se pierde de forma inútil

Diagrama de Sankey sobre consumo energético en España

Diagrama de Sankey sobre consumo energético en España.

Aunque puedan parecer complejos, los siguientes diagramas de Sankey (pinchar en la imagen para ampliarlos) dan una visión muy clara de lo que ocurre con la energía en España.

Estos gráficos han sido elaborados por ingenieros de la Universidad Pontificia Comillas para el informe de 2011 de la Cátedra BP de Energía y Sostenibilidad. El primer diagrama intenta dar una imagen completa de todo el sistema energético del país, reproduciendo los flujos de los distintos tipos de energía utilizados. En la parte izquierda del diagrama, se representa la energía que entra en el sistema antes de pasar por procesos de transformación: petróleo (de color marrón), gas natural (gris), carbón (negro), energía nuclear (amarillo) y renovables (verde, azul claro, azul oscuro…). Y en la parte derecha se muestra cómo se consume al final esa energía.

En lo que respecta a la energía que se introduce en el sistema, queda clara la gran predominancia del uso del petróleo (45,9%). Si además se tiene en cuenta la línea discontinúa que representa la frontera de España, se aprecia de forma muy visual como el 82,7% de toda la energía primaria viene de fuera. Prácticamente toda, salvo las renovables y una parte de carbón. Esto no es nada nuevo, pero a menudo parece olvidarse.

En el lado contrario del diagrama, en la parte derecha, se observa como un 26% de la energía se usa para transporte (principalmente, por carretera), un 15,8% para la industria y un 20,1% para el resto de usos (terciario, residencial…). ¿Dónde está la energía que falta? Una pequeña parte se exporta, otra forma parte de los autoconsumos, pero la mayoría, un 29,1% del total, simplemente se pierde por el camino. Como explica Pedro Linares, uno de los autores de este trabajo, además de profesor de la Universidad Pontificia Comillas y colaborador de este blog, este porcentaje incluye las pérdidas en los procesos de transformación y redes de transporte; de forma especial en las centrales en las que se transforman combustibles en electricidad (salvo en la mayoría de las energías renovables).

Aunque parezca mucho, este cálculo comprende solo hasta que la energía final es servida para ser consumida; es decir, hasta que llega al enchufe de una casa o hasta el surtidor de una gasolinera. Si se siguiese con el análisis más allá, las pérdidas serían todavía superiores. [...]

Vía Ecolaboratorio. Autor: Clemente Álvarez.

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