Asturias traza la “hoja de ruta” del selenio

Justo Giner, ayer, en un laboratorio de la Facultad de Química. Pablo Lorenzana

Justo Giner, ayer, en un laboratorio de la Facultad de Química. Pablo Lorenzana

¿Qué papel puede desempeñar el selenio en tratamientos contra el cáncer o el VIH-SIDA? La respuesta, de momento una incógnita, puede estar hoy algo más cerca. La comunidad científica se muestra dividida sobre la conveniencia de suplementar con este elemento de la tabla periódica la dieta de los enfermos de cáncer o de los afectados por VIH-SIDA.

La Voz de Asturias

Una investigación, realizada entre las universidades de Oviedo y Copenhague, arroja ahora algo más de luz. El estudio, publicado en la revista Analytical and Bioanalytical Chemestry, ha permitido establecer la hoja de ruta del selenio. Los investigadores ha sido capaces de seguir este micronutriente desde que se ingiere hasta que se excreta. El selenio, un poderoso antioxidante, se encuentra en levaduras, carnes, mariscos, lácteos y vegetales como el brócoli. La investigación ha sido liderada por Kristoffer Lunøe, de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de Copenhague, y Justo Giner, de la Facultad de Química de Oviedo. La sinergia de ambos ha dado frutos. Asturias ha diseñado la metodología, la herramienta de trabajo. “Es inocua y rápida”, comenta el científico de la Universidad de Oviedo. Copenhague extraerá las conclusiones biológicas. El objetivo final, todavía inconcluso, será precisamente el que dé respuesta a la pregunta que abre este reportaje. Ayudará a establecer, según Giner, el rol del selenio en la lucha contra determinadas patologías.

La investigación, desarrollada en ratas de laboratorio, consistió en suplementar la dieta de estos animales con un trazador metabólico de selenio enriquecido (Se77). Dicho de otro modo, el trazador permite seguir, a través de técnicas de espectometría de masas, el viaje del selenio por el cuerpo. Se utilizó además como valor añadido un segundo trazador (Se74) que ayuda a cuantificar, ya en laboratorio, cantidades ínfimas de este mineral en las diferentes formas químicas en las que se distribuye por el organismo. Giner comenta que la metodología diseñada en Oviedo aporta dos ventajas principales. Utiliza isótopos estables, no radiactivos, que son inocuos y por lo tanto pueden emplearse en humanos. Además, la herramienta es rápida, con lo que se gana tiempo.

Los resultados revelan que en función de la información que se pretenda buscar, se puede echar mano de la concentración de selenio hallado en tejidos, sangre u orina. Es ahí donde el equipo de Copenhague tiene aún trabajo por hacer. Deberá confirmar o refutar la hipótesis sobre las bondandes terapéuticas de este elemento en la dieta.

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