Innovar a través de los intraemprendedores

[...] En todas las empresas tenemos “intraemprendedores” (del inglés intrapreneurs), personas creativas, inquietas y curiosas que comparten muchas de las características con los emprendedores pero que además se sienten emocionalmente ligadas a su empresa y quieren “cambiar las cosas”. Se trata de perfiles diferentes de los habituales, de “comandos” (si lo vemos desde las oleadas de innovación que pasa una empresa), y que tienen sin duda una característica destacable: son incómodos. No paran de cuestionar las verdades incuestionables, las vacas sagradas… lo que suele convertirlos en inadaptados, en gente que aunque se la tolera debido a su talento natural, tienen las probabilidades de promoción limitadas.

¿Curioso, no? Las personas que realmente podrían tener la clave de supervivencia de la empresa son tratados como parias. Sin pretender ser exhaustivo, me gustaría que pensáramos en la respuesta a las siguientes preguntas:

Cuando alguien viene con una nueva idea que se aleja de verdad de la zona de confort de la empresa, ¿le escuchamos de verdad y nos planteamos seriamente su viabilidad o la desechamos por no estar alineada con lo que hace la empresa?

  • Si alguien viene con una idea interesante y potencialmente revolucionaria (o no), ¿debe rellenar extensos documentos intentando describir exactamente en el futuro y pasar por diversos pasos antes de que realmente alguien valore la idea?
  • En el caso de que alguien decida arriesgarse y llevar adelante una idea potencialmente interesante, ¿es castigado por haberse saltado los “canales establecidos”? ¿Aunque tenga éxito?
  • Ante la más mínima cuestión, ¿el empleado debe solicitar permiso a su superior consecuencia de una autonomía cuasi-inexistente?
  • ¿Quién asciende en la empresa? ¿Los que gestionan más eficientemente o los que crean cosas nuevas de forma ineficiente?

En definitiva, nos deberíamos plantear sinceramente si lo que estamos haciendo es intentar proteger nuestro status quo y seguir operando en la zona de mercado que conocemos y en la que nos sentimos cómodos (aunque sea todo un océano rojo) o si realmente estamos considerando su viabilidad, el impacto de la misma en caso de tener éxito y, en definitiva, su capacidad real de crear valor. [...]

Vía Javier Megias.

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