José Luis Jorcano Noval: “Tratamos de proveer de sensibilidad a robots para aplicarlo a las prótesis”

José Luis Jorcano Noval, en Madrid, trabajando en su laboratorio. El viernes recogerá la Medalla de Plata de Gijón. Foto: Newsphotopress

José Luis Jorcano Noval, en Madrid, trabajando en su laboratorio. El viernes recogerá la Medalla de Plata de Gijón. Foto: Newsphotopress

El investigador José Luis Jorcano Noval (Gijón, 1949) recibirá el próximo viernes la Medalla de Plata de Gijón por sus avances en materia de regeneración de tejidos y su labor al frente de la Fundación Genoma España y la Unidad de Biomedicina Epitelial del Cimat. No es la primera vez que su trabajo se ve reconocido, pues ya le distinguió en su día el centro donde cursó sus estudios de Bachillerato, el Instituto Jovellanos.

Marco Menéndez / El Comercio

-¿Qué le parece que el Ayuntamiento de Gijón haya pensado en usted para concederle la Medalla de Plata de la ciudad?
-Es como ser profeta en tu tierra. Es particularmente halagador. Me siento muy honrado y no contaba con ello. No pensaba que era candidato para recibir la Medalla de Plata y se lo agradezco a quien me haya propuesto.

-Pero ya recibió el reconocimiento del Instituto Jovellanos.
-También me llenó mucho, porque estudié allí, pero el instituto es el instituto y Gijón es Gijón…

-Usted trabaja en materia de biomedicina. Sorprende que en unas recientes declaraciones suyas indicara que el hombre va a vivir hasta los 120 años.
-Es lo que dicen los expertos, que piensan que tenemos potencial para vivir 120 años razonablemente bien, pero hay que tener en cuenta que la biomedicina está en sus albores, pues hace poco que empezaron a estudiar las bases del envejecimiento.

-Su trabajo está especializado en los tejidos de la piel.
-En los tejidos especialistas, es decir, en aquellas enfermedades que comprometen la regeneración de la piel, tanto desde el punto de vista traumático, como las quemaduras, como desde el de las enfermedades, como los diabéticos o las enfermedades genéticas con fragilidad en la piel, como la llamada de los niños mariposa. Últimamente, también trabajamos con enfermedades más complejas, como la psoriasis, que incluye al sistema inmune de la persona, con lo que ya hay dos tejidos involucrados.

Profesor en la Carlos III
-Y desde hace poco comparte la investigación con la docencia, ¿no es así?
-Desde hace dos años soy profesor de Bioingeniería en la Universidad Carlos III, pero también estamos desarrollando sistemas a caballo entre la biomedicina y la ingeniería, como microsensores en la piel para que nos den información de la situación de una persona sin necesidad de tomar muestras. También hacemos técnicas de ‘bioprinting’, que es como una impresora que deposita células en las zonas dañadas de la piel.

-¿Cuáles son las últimas investigaciones que están llevando a cabo?
-Tratamos de proveer de sensibilidad a robots para que después sea aplicable a prótesis. Es un campo nuevo. Se trata de hacer cubiertas de piel con una complicación posterior, porque hay que integrar neuronas. Es muy difícil, y con ser capaces de proveer de piel a las prótesis ya estaríamos satisfechos.

-¿Quiere decir que se trata de conseguir prótesis que lleguen a ser sensibles?
-Sí. A partir de células propias del paciente se puede hacer la piel y regarla con su sangre. En prótesis y en robots no hay vasos sanguíneos, con lo que desarrollamos un sistema de microfluidica, al tiempo que los robots necesitarían un ‘corazón’ que bombeara el líquido nutriente.

-Es sabido que la piel es el órgano más grande del ser humano, pero el trabajo que desarrollan ustedes es muy desconocido.
-Sí, porque es tremendamente innovador. Estamos en la punta de lanza, somos pioneros, pero hay que tener en cuenta que estamos empezando. Todo esto surge porque estoy trabajando en la universidad, rodeado de ingenieros. Antes, estas cosas ni se nos ocurrían o las desechábamos por imposibles.

-¿El hecho de que investigue en una universidad hace sobrellevar mejor la crisis que atraviesa la investigación por falta de inversión?
-En la vida nada es absolutamente bueno ni malo. La parte buena es que en la universidad, además de la nueva ciencia que estamos haciendo, me dedico la docencia. Pero sigo trabajando en el Cimat. Al ser dos entidades diferentes hay algunos aspectos que están mejor en una que en otra, con lo que se compensa. Además, son dos administraciones distintas, con lo que las crisis no son idénticas. Pero estoy muy contento con la decisión que tomé en su momento, porque, aunque ya había crisis, no pensábamos que iba a ser como es.

-¿Contempla dejar Madrid algún día y regresar a Asturias para continuar con sus investigaciones?
-Esa posibilidad hace mucho tiempo que está cerrada. Hubo una ventana de oportunidad siendo presidente de Asturias Vicente Álvarez Areces, pero se cerró. En Asturias hay investigadores estupendos y mi labor con Asturias es mantener excelentes relaciones personales y de investigación con científicos como Carlos López Otín o Álvaro Meana, que es miembro de nuestro equipo de investigación. No preveo volver como investigador, pero tengo una labor muy gratificante que es la de ser asesor de la empresa Química del Nalón, una firma admirable en el contexto español y muy seria, que tiene un gran interés por la innovación. Es una enorme satisfacción.

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