Tras el rastro del Neanderthal

Foto: Pablo Nosti / El Comercio

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Un grupo de hombres del Neanderthal se instalaron en Llanera hace ya más de 50.000 años. Su asentamiento estaba en la zona de Villardeveyo, en una de las orillas del río. Se cree que allí pasaron largas temporadas, ya que en el lugar se han conservado más de un millar de útiles de piedra. Se trata de bifaces, raspadores, lascas o denticulados, entre otros muchos, instrumentos que nuestros antepasados utilizaban para trabajar la madera, las pieles o las carnes.

Ruth Arias / El Comercio

Son, sobre todo, útiles de cuarcita, que procede de los cantos rodados del río, un material presente en la zona y en sus inmediaciones. Pero los arqueólogos también han encontrado algunas herramientas de sílex, un material que no es de la zona. «Eso quiere decir que trajeron la materia prima de otra zona», asegura el profesor de Prehistoria de la UNED David Álvarez. Ahora se trata de averiguar de dónde venía esa piedra y cuáles eran los movimientos de ese grupo de llanerenses paleolíticos.

Durante tres semanas, Álvarez ha dirigido a un equipo de una docena de arqueólogos de la UNED, la Universidad de Oviedo, la Complutense de Madrid y la de Deusto, que ha trabajado en cuatro puntos diferentes en el yacimiento de El Barandiallu. Han sido capaces de extraer centenares de piezas de la industria lítica del Paleolítico Medio en muy buen estado de conservación.«Muchas piezas están intactas y aún cortan perfectamente», explica el profesor.

Un yacimiento importante
El yacimiento de El Barandiallu es, además, el más importante de Asturias por volumen de piezas de todos los que se han encontrado al aire libre. «Casi todo lo que se sabe de esta época es por lo que se ha encontrado en cuevas», comenta Álvarez, ya que encontrar útiles fuera de ahí no es demasiado común. Los primeros hallazgos se produjeron en los años 80, durante los trabajos de construcción del gasoducto Burgos-Cantabria-Asturias. Entonces se catalogó un importante número de piezas, pero nunca se volvió a trabajar en la zona por falta de presupuesto para continuar con la investigación. Ha sido ahora, gracias a una ayuda económica de la delegación de la multinacional Fluor en Llanera, que se han podido retomar los trabajos. La empresa, que colabora de manera habitual con actividades culturales y solidarias del concejo, ha aportado también a algunos de sus empleados para colaborar en las tareas de excavación, sobre todo arquitectos entusiasmados por el proyecto.

La excavación se enmarca dentro de un estudio más amplio que abarca toda la zona cantábrica, y que pretende conocer más datos sobre las primeras ocupaciones neanderthales en la cornisa. Las piezas encontradas en Llanera tienen una antigüedad de entre 50.000 y 100.000 años, aunque la fecha no se puede precisar más ya que esos útiles aparecieron sobre la terraza fluvial, sobre un terreno muy anterior a ellos, probablemente formado entre el Jurásico y el Triásico. En los próximos meses tocará analizar esas muestras sedimentológicas de los diferentes estratos que se han encontrado durante las excavaciones.

Con todo, el yacimiento de El Barandiallu tiene una gran importancia desde el punto de vista territorial. «Aquí había un asentamiento de cierta entidad que, además, fue sostenido en el tiempo», afirma el profesor David Álvarez, que comenzará ahora, una vez finalizados los trabajos sobre el terreno, un análisis más en profundidad del lugar y el entorno. «En enero empezaremos a pensar ya en redactar las conclusiones para su publicación».

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