El genoma del orangután, un 97% igual al humano

El equipo de López Otín. Víctor Quesada y Xosé Puente en el laboratorio del Instituto Oncológico de la Universidad de Oviedo

El equipo de López Otín. Víctor Quesada y Xosé Puente en el laboratorio del Instituto Oncológico de la Universidad de Oviedo. Foto: Mario Rojas

La colaboración internacional entre investigadores ha vuelto a dar nuevos resultados. Esta vez, tras sumar el talento de decenas de científicos de siete países, unidos en un consorcio internacional en el que participa Asturias, a través del equipo del Instituto Oncológico de la Universidad de Oviedo liderado por Carlos López Otín, lo que se ha logrado es la secuencia del genoma del orangután. El homínido más distante del ser humano, aunque, según los datos a los que se llega con el mapa genético en la mano, hombre y orangután mantiene «más de un 97% de identidades». Así lo advierte en su último número la revista científica ‘Nature’ y así lo explicaba ayer Víctor Quesada, que junto con Xosé Puente y Gonzalo R. Ordóñez, compone el equipo de Otín en esta nueva aventura científica. Orgulloso por la parte que le toca del descubrimiento, Quesada argumentaba que estas similitudes traducen un hecho probado «que si ponemos las secuencias de bases de cromosomas del orangután y del hombre una al lado de otra la coincidencia es del 97%».

Para llegar a esta conclusión, en la que han participado 30 laboratorios, han tenido que ser identificados los más de tres millones de pares de bases que constituyen el genoma del este animal con el que el hombre compartió un antepasado común hace 12 millones de años.

¿Significa esto que nos parecemos a los orangutanes? «No tanto», contesta tajante el científico asturiano que añade que tampoco hay demasiado parentesco con «el resto de los primates como se pensaba hace unos años». De hecho, en ese 3% que se aprecia de diferencias se pueden dar alrededor de 90 millones de variantes no comunes, a lo que se sumaría otro 15% de rasgos totalmente distintos como consecuencia de los fragmentos genómicos no coincidentes.

En palabras de otro de los investigadores implicados en el proyecto, Arcadi Navarro, del Instituto del de Biología Evolutiva de Barcelona, «gracias a las técnicas aplicadas se han detectado diferencias muy importantes en ciertos fragmentos del genoma de unos y otros, y eso nos hace muy distintos». En esas diferencias se ha centrado otro equipo catalán, el dirigido por Tomàs Marquès-Bonet, jefe del grupo de Genómica de Primates, que ha trabajado en los genes exclusivos del orangután que no existen en el hombre, y viceversa.

La aportación del grupo de trabajo del catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, Carlos López-Otín, está, según Quesada, en que ha estudiado en detalle diversas familias de genes frecuentemente asociados con enfermedades y que muestran importantes diferencias entre humanos y orangutanes. Objetivo: «Aprender más sobre la evolución humana», explica el profesor asturiano. Ahora se sabe que ésta «la modelan los patógenos, porque lo que más rápido evoluciona es el sistema inmune que tiende a ser más activo». Algo «en principio perjudicial, porque requiere más energía, que puede, sin embargo, ser compensado si los patógenos atacan fuerte».

Y esto es lo que ha pasado a lo largo de la evolución. Lo que, según Otín, afirman las conclusiones halladas. «Este estudio comparativo detallado de múltiples familias de genes indica que en la evolución humana ha habido una presión evolutiva importante sobre los sistemas inmune y reproductivo». Sin ella, advierte Quesada, «quizá la especie hubiera desaparecido».

Pero hay una segunda meta: «Aplicar todos nuestros conocimientos y las nuevas herramientas en la detección y cura del cáncer». [...]

Vía: El Comercio

Má información: “Ayudará a gestionar la protección” (entrevista a Devin Locke, director del proyecto).

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.