El pensador del bosque

Orangután

Orangután. Foto: Samuel Luna

Por Carlos López Otín

Una leyenda malaya cuenta que hubo un tiempo muy lejano en el que los hombres y los orangutanes eran tan parecidos que ocupaban un espacio común y compartían sus vidas en pertecta armonía. hasta que los primeros comenzaron a comunicarse con un lenguaje que los orangutanes aprendieron pero se negaron a usar, por miedo a que los hombres los obligaran a trabajar a su servicio. Por ello, se alejaron de los humanos y se refugiaron en los árboles de los densos bosques lluviosos que se extienden por dos islas con nombres evocadores: Sumatra y Borneo. Hoy, Nature describe el intento del hombre de recuperar ese pasado común, al recoger en sus páginas el desciframiento de los secretos ocultos en el genoma del orangután y compararlos con los de nuestro propio genoma. Este trabajo, al que han contribuido investigadores de las Universidades de Oviedo y Pompeu Fabra, representa la primera mirada humana global al paisaje genético de una especie que nos ha ayudado a definir alguno de los sutiles cambios génicos que nos han hecho distintos desde que compartimos ese antepasado común, cuya existencia intuyeron los antiguos fabuladores malayos, y del que hoy sabemos que comenzamos a separamos hace mas de 12 millones de años.

EI orangután, cuyo nombre deriva de un termino malayo que significa persona del bosque, es un animal muy inteligente, inventa herramientas para conseguir alimentos, desarolla técnicas para mejorar su entomo e incluso practica la Medicina, pues se ayuda de ciertas plantas y minerales para curar sus heridas o superar algunas doleneias. Además, los orangutanes se comunican con sus congéneres de forma variada y compleja, aunque tal vez por precaución siguen sin usar el lenguaje humano, se reconocen a sí mismos en la denominada prueba del espejo, practican la reciprocidad calculada, poseen un profundo sentido de la estética, son solitarios e independientes y su mirada y sus gestos son conmovedoramente humanos. Por todo ello, no es extraño que el orangután sea también conocido como el filósofo o el pensador de los bosques. La comparación de su material genético con el de los humanos avala estas similitudes, dado que nuestros respectivos genomas son idénticos en mas de un 97%, cifra que resultará fascinante para algunos y perturbadora para otros, pero que sin duda habla de nuestro pasado incuestionablemente común.

Así, genoma tras genoma. La Biología Molecular va incorporando nuevas piezas al mecano de la vida. Con cautela pero con perseverancia, nos aproximamos todavía un poco más a la comprensión de las claves de la condición humana, esas que nos hacen únicos y distintos a tados los seres vivos de un planeta que muestra claros síntomas de fatiga tras su colisión con el meteorito humano. Por eso, en este tiempo de genomas que anuncia el futuro, esperarnos que la constatación de la abrumadora semejanza genómica entre hombres y orangutanes contribuya a sembrar entre los primeros unas cuantas semillas de respeto hacia una especie fascinante y que tanto comparte con nosotros, pero cuya supervivencia se encuentra gravemente amenazada por la imparable destrucción de las selvas tropicales en las que todavía exhibe su magia y su talento el pensador del bosque.

Carlos López Otín es catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Oviedo.

Vía: El Mundo (edición impresa 27/11/2011).

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