Lerner: “La ciencia es la puerta de la economía”

Richard A. Lerner, ayer en Oviedo. / M. Rojas

Richard A. Lerner, ayer en Oviedo. / M. Rojas

Destacado como creador de las bibliotecas combinatorias de anticuerpos, Richard A. Lerner (Chicago, 1938), avanzadilla de los Premios Príncipe en Oviedo, es uno de los grandes investigadores del mundo. Afable, sonriente y encantado de estar en Asturias, donde el viernes recibirá su galardón de Investigación Científica y Técnica, este patólogo estadounidense, siete veces doctor honoris causa, es uno de los responsables de que hoy sea posible construir sintéticamente elementos inmunológicos superiores en eficacia a los que produce el sistema inmunitario humano. Dicho sea de otro modo, que gracias a su trabajo ya se pueden tratar ciertas enfermedades con anticuerpos diseñados específicamente.

Paché Merayo / El Comercio

–Se ha mostrado orgulloso del reconocimiento que viene a recibir. ¿Conocía el alcance de los Premios Príncipe?
–Indudablemente estoy muy complacido precisamente porque conozco su alcance. Sé que es un premio reconocido en todo el mundo, aunque no todo el mundo sabe de su procedimiento. Me refiero al modo y la manera en que los galardones son fallados.

–Tengo entendido que es amigo de Sir Gregory Winter, con quien comparte el galardón ¿Qué supone eso para usted?
–Una satisfacción añadida. Este premio me gusta especialmente por ese hecho, por recibirlo con él. Creo que es un científico fantástico.

–¿Sus trabajos sobre el sistema inmune se complementan?
–Se parecen mucho, realmente. Sin embargo hay que decir que han tomado caminos divergentes.

–¿Dónde se separaron?
–Sus investigaciones se centran en el camino de conseguir anticuerpos funcionales. Mi trabajo, sin embargo, se centra más en la sintetización de anticuerpos, junto a moléculas químicas.

–Ambos han logrado convertir anticuerpos en enzimas y usted especialmente ha logrado el desarrollo de las bibliotecas combinatorias de anticuerpos ¿Qué son exactamente esas bibliotecas?
–Sé que todo el mundo tiene el concepto de bibliotecas como aquellos lugares en los que se guardan libros, pero si intentamos ampliar el significado nos encontramos con una serie de grandes colecciones de volúmenes. En mi caso una gota de agua contiene miles, millones de movimientos individuales de esa colección.

–He leído que con esas bibliotecas es posible hacer frente a los virus y a sus mutaciones y que eso es el principio de la edad de oro de la medicina preventiva ¿Está de acuerdo?
–Estamos ganando la batalla de ciertas enfermedades. Todavía de vez en cuando aparecen algunas peligrosas y mortales, pero la investigación está ganando.

–¿Cuáles son las aplicaciones que hace de sus investigaciones?
–Basicamente hay mucha gente que está tratando los procesos del cáncer y ciertas enfermedades degenerativas. Yo he decidido trabajar en el contexto de la diabetes y en el área del rechazo de los órganos transplantados. También en ciertos tipos de infecciones víricas y como sustituto de ciertas terapias oncológicas.

–Hábleme de su trabajo actual.
–Hemos logrado crear dos anticuerpos sintéticos que ya están desarrollados y listos para entrar en la fase imprescindible de los ensayos clínicos.

–¿Qué función concreta tiene cada uno de ellos?
–Uno hace crecer los hematíes y el otro las plaquetas.

–En nuestro país la crisis se ha traducido en recortes importantes en investigación ¿Ha pasado lo mismo en Estados Unidos?
–Sin lugar a duda y eso es terrible. No se dan cuenta de que la ciencia es la verdadera puerta de la economía y del empleo.

–¿Ha afectado a su trabajo?
–A mí todavía no.

–¿Ha visitado la exposición de los diseñadores gráficos que interpretan su trabajo y el de Winter?
–Sí y me parece una de las maneras más creativas de hacer las cosas que haya visto jamas. No debería desmontarse y quedar guardada en un armario. Creo que debería ser itinerante o convertirse en un pequeño libro. De lo contrario sería malgastar su creatividad. Creo que debería viajar al Museo de la Ciencia de Miami. Uno de sus mecenas, Phillip Frost, gran filántropo y amigo mío, que donó varios millones a ese museo, ha venido conmigo a Oviedo. Sería ideal que se llevase la exposición allí.

–Fue un niño rodeado de tubos de ensayo y probetas. ¿Hacía experimentos ya de pequeño?
–Los hacía, claro. ¿Quién no los ha hecho?

–¿Qué primer hecho le hizo creer que su dedicación a la ciencia había sido un acierto?
–Todavía estoy esperando a que ese hecho ocurra.

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