Los especialistas confían en dos fármacos para paliar el párkinson

Renée Ribacoba, de pie, ayer durante la conferencia inaugural del seminario

Renée Ribacoba, de pie, ayer durante la conferencia inaugural del seminario. Foto: Daniel Turrado.

Los neurólogos advierten de que la depresión «es un síntoma premonitor» del desarrollo de la enfermedad.

Los neurólogos especialistas en la enfermedad de Parkinson avanzada confían en el desarrollo de dos fármacos que están en pruebas para paliar los efectos de la enfermedad. También advierten de que hay que estar atentos a las depresiones, ya que pueden ser «un síntoma premonitor» del desarrollo de la enfermedad. Éstas son algunas conclusiones que un grupo de neurólogos puso ayer sobre la mesa durante un seminario celebrado en el Calatrava. En él expusieron sus conocimientos sobre el tratamiento de la enfermedad de Parkinson avanzada, que en Asturias ya afecta a más de 3.200 personas. Los participantes aportaron datos clínicos y aspectos prácticos sobre los tratamientos que se están aplicando.

La doctora Renée Ribacoba, del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), abrió el seminario con la presentación de una serie de estudios clínicos sobre la eficacia, la efectividad y la seguridad de los tratamientos contra la enfermedad. Además se presentaron las conclusiones del seguimiento por parte de un neurólogo y un gastroenterólogo a pacientes con tratamiento contra el Parkinson. Fue en tres sesiones impartidas por los doctores José María Asensi, del Hospital de Cabueñes, y Esther Suárez, del Hospital Central de Asturias, y el doctor Servando Fernández, del Hospital Clínico de Madrid.

El encuentro de ayer sirvió además para sensibilizar a los médicos de que «existen otras terapias como la estimulación cerebral profunda o la inyección de apomorfina», resaltó la doctora Ribacoba, para atender a los pacientes con la enfermedad de Parkinson aunque tengan una edad que les impida someterse a cirugía. Ribacoba puso en valor la «muy alta» eficacia que alcanza el suministro de medicación durante todo el día a los pacientes.

«El objetivo primordial de esta jornada es abrir la mente al resto de los profesionales del hecho de que con los pacientes siempre quedan cosas por hacer, aunque estos no cumplan los requisitos quirúrgicos», explicó la neuróloga del HUCA. ¿Y podemos hablar de avances? «Hasta el año que viene no, porque será cuando se terminen los ensayos de dos fármacos orales que confiamos en que amplíen las posibilidades en los pacientes diagnosticados como leves».

Entre los síntomas que alertan sobre la enfermedad de Parkinson y que reducen la calidad de vida de los pacientes destacan los que afectan al movimiento: temblor en reposo, rigidez, hipocinesia e inestabilidad postural. Pero también hay otros como la ansiedad, la depresión, los problemas de memoria, la lentitud de pensamientos o la sensación de dolor. Pero no todos los síntomas se desarrollan en todos los pacientes, y dependen tanto de la evolución de la patología como del tratamiento al que están siendo sometidos.

¿Entonces la depresión es un síntoma, además de los temblores, de la enfermedad de Parkinson? «La depresión puede ser un síntoma premonitor. De hecho, el cuarenta por ciento de los pacientes estuvieron tratados de depresión, a los que se unen los avanzados que por el hecho de llevar un apéndice lo pueden considerar como un estigma y también incide negativamente en su estado de ánimo», señaló la doctora Ribacoba. Este apéndice al que hizo referencia la neuróloga es el que suministra la medicación de forma continuada. ¿Y a qué edad aparece el párkinson? La especialista comentó que están habituados a detectar la enfermedad entre los 40 y 45 años e incluso durante la treintena. «Probablemente el ritmo de vida que llevamos estrese nuestras neuronas, pero eso hay que demostrarlo», dijo. Ribacoba también se refirió a la esperanza, tanto para los enfermos como para sus familias. A los primeros pidió que se interesen por la técnica, que se impliquen, y que no sea el médico el que les tenga que imponer nada. «Nos cuesta que acepten algunas terapias, como las seudoinvasivas. Por eso es bueno que el enfermo entre en internet y que se informe igual que su familia», concluyó.

Vía La Nueva España. Autor: Ángel Fidalgo.

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