El CO2 aún está verde

  • La tecnología definitiva para la combustión limpia del carbón tardará al menos 10 años en llegar
  • La planta piloto de La Pereda comenzará a facilitar datos sobre su rendimiento el próximo verano
Juan Carlos Abanades, frente a la primera planta piloto de secuestro de dióxido de carbono que el Incar puso en marcha en su laboratorio de Oviedo

Juan Carlos Abanades, frente a la primera planta piloto de secuestro de dióxido de carbono que el Incar puso en marcha en su laboratorio de Oviedo. Foto: Jesús Díaz

El carbón nacional podría no sobrevivir a la última embestida de la Unión Europea, que situó el final de las ayudas y el cierre de explotaciones en 2018, pero lo seguro es que su producción dejará de existir inexcusablemente si no se logra un método eficaz y barato para eliminar la contaminación por dióxido de carbono que produce la combustión del mineral en las centrales térmicas.

Con la espada de Damocles del cambio climático cada vez más cerca y la primera reválida de Kioto a la vuelta de la esquina (recorte de las emisiones europeas en un 8% para el próximo año), los investigadores aprietan cada vez más el acelerador para llevar a buen puerto la nueva tecnología de captura y secuestro de CO2.

Tras unos años de relativa pasividad, Europa ha decidido ahora abanderar un ambicioso proyecto para lograr reducir el 50% de las emisiones globales en 2050, como recomienda el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de la ONU. De lograrlo, en ese año se habría acabado con el 100% de las emisiones de CO2 procedentes de la industria. El camino es largo, pero los pasos que se están dando son cada vez más firmes.
En Asturias, donde la batalla por la captura y el almacenamiento de CO2 siempre se ha relacionado con el futuro del carbón, nuestra principal fuente de energía, se trabaja en la obtención de esta tecnología desde hace ya diez años. Un equipo de investigación del Instituto Nacional del Carbón (Incar), ubicado en Oviedo y perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), avanza lento pero seguro en este campo para lograr una tecnología propia en la separación del dióxido de carbono puro del resto de los gases que se producen en la combustión dentro de una central térmica. Sin embargo, está claro que aún queda mucho camino por recorrer hasta lograr que la planta piloto de captura de CO2, en la que ahora se trabaja, pueda convertirse en una instalación de escala para la producción industrial.

«El proyecto asturiano para lograr que la combustión del carbón sea limpia se encuentra en la actualidad en el ecuador de su trayecto», según explicó el científico responsable de la investigación del Incar, Juan Carlos Abanades. En el año 2006, un equipo del Instituto registró, junto con la universidad inglesa de Cranfield, una patente para capturar CO2 a altas temperaturas en los gases de efecto invernadero que salen de las térmicas y su conversión en líquido para, posteriormente, enterrarlo en zonas geológicas adecuadas. Antes de dar ese paso ya se habían desarrollado investigaciones en este sentido en los laboratorios que el Incar tiene en La Corredoria, en Oviedo.

Planta piloto

La primera planta piloto que entró en funcionamiento obtuvo buenos resultados y constituyó el inicio del actual proceso de investigación que se prevé finalizar con resultados de aplicación industrial en el año 2020. Según Abanades, «puede que éste no sea un proyecto de grandes dimensiones respecto a otros que se están desarrollando, pero su particularidad principal consiste en que es nuestro y en que se trata de una tecnología propia».

La fase actual de este proyecto la pusieron en marcha hace sólo unos meses Hunosa, Endesa, el Incar-CSIC y la norteamericana Foster Wheeler como empresa tecnológica, en la planta que el grupo minero tiene en La Pereda, en Mieres. A finales del pasado año comenzaron los primeros trabajos en esta planta que trabajará con el sistema denominado de carbonatación-sulfuración. Se espera que el próximo verano empiece a funcionar para la producción de un megavatio térmico de potencia, aún muy reducida. Durante cinco o seis meses los científicos estudiarán a fondo los resultados para tratar de validarla a escala pre-industrial y conocer si esa tecnología de combustión limpia es viable y puede salir al mercado a escala de grandes producciones. La instalación de este megavatio térmico de potencia supondrá una inversión de 5,8 millones de euros. [...]

Vía: El Comercio

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