Del oro romano a la era de la nanotecnología

Los responsables de Dupont con algunos de los premiados en las 20 ediciones

Los responsables de Dupont con algunos de los premiados en las 20 ediciones. Foto: P. Lorenzana

Ya los romanos utilizaban técnicas basadas en los mismos principios que uno de los investigadores españoles con mayor proyección, el catedrático de Química Física de la Universidad de Vigo, Luis Liz Marzán. Dice este investigador, galardonado en la XX edición del premio Dupont, que los romanos aprovechaban las propiedades con el color que tenían las pequeñas partículas del oro y de la plata para componer vidrieras o decorar otros elementos. Ahora Liz utiliza nanopartículas, fundamentalmente del oro y de la plata, que miden millonésimas de milímetro, y analiza su comportamiento en función de sus propiedades ópticas. Esta investigación básica tienen decenas de aplicaciones prácticas, utilizándolas como sensores. Esto abre las puertas a múltiples disciplinas, desde la biomedicina, para conseguir diagnosticar un tumor en una etapa muy inicial, a la ecología, para localizar sustancias tóxicas en el medio ambiente, o la lucha contra el terrorismo, para detectar explosivos, y el mejor del aprovechamiento de nuevas fuentes energéticas, como la generación de hidrógeno o la mejora de la eficiencia de las células solares.

Esta aplicación de la ciencia aún está en una fase muy inicial, pero la investigación aplicada del equipo de Liz Marzán ya ha traspasado fronteras, obteniendo un reconocimiento internacional y también logrando los fondos necesarios para multiplicar sus equipos y acceder a la tecnología más puntera.

Este químico, que en este momento no está colaborando con ningún equipo asturiano, estuvo ayer en Oviedo para recoger el premio Dupont, que le concedió un jurado presidido por Santiago Grisolía. El bioquímico valenciano destacó las aportaciones de Liz y su proyección y vaticinó su éxito.

El investigador gallego defendió que un equipo científico puede tener las máximas conexiones internacionales aunque esté asentado en pequeñas ciudades como Oviedo o Vigo. Para conseguirlo la receta que propone es “muchas ganas de trabajar, , ver cuál es la frontera del conocimiento y dónde están centrando el esfuerzo otros grupos”. Con esa predisposición es posible aliarse con los mejores cerebros del mundo. [...]

Vía: La Voz de Asturias

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