Mandíbulas para despejar incógnitas

Marco de la Rasilla, en El Sidrón

Marco de la Rasilla, en El Sidrón

Menos fósiles, pero de gran interés. Un maxilar de un adulto neandertal casi completo, a excepción de los molares de uno de los lados, es la última incorporación al repertorio de restos óseos desenterrados en la cueva de El Sidrón durante la actual campaña de excavaciones. La mandíbula fue localizada en la misma zona donde hace algunos días se rescató un importante fragmento de cráneo que de cumplir las expectativas de los científicos y encajar con los trozos reunidos en anteriores excavaciones podría completar la bóveda craneal.

M. S. Marqués / La Nueva España

Reunir las partes de un cráneo es un paso de gigante para los paleoantropólogos por las dificultades que conlleva recuperar las distintas piezas de la cabeza. Además, en el caso de El Sidrón sería la primera vez que se consigue poner imagen a esta parte del esqueleto neandertal.

La trascendencia del cráneo no resta valor al magnífico maxilar de potentes molares que Marco de la Rasilla, director de la excavación, y Adolfo Rodríguez Asensio, director general de Patrimonio, mostraron ayer durante la visita de este último al yacimiento. También acudió la alcaldesa de Piloña, Carmen Barrera. Si el cráneo es valioso por la fragilidad de sus piezas, mandíbulas y maxilares tienen también su protagonismo por ser quizá la parte del esqueleto que mejor identifica al neandertal.

Según Antonio Rosas, responsable del equipo que estudia la naturaleza de los fósiles en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), «el maxilar es la parte del rostro donde más se manifiesta la naturaleza neandertal, lo que la especie tiene más propio». Los homínidos de El Sidrón, como todos los grupos humanos con los que comparte linaje, cuentan con una cara ancha y prominente, proyectada hacia delante, quizá como consecuencia de su robusta dentadura. Esa posición adelantada de los dientes es una de las características que lo diferencian de otras especies.

En el caso de los neandertales de Piloña fueron precisamente dos mandíbulas, seleccionadas entre los primeros restos que se conocieron procedentes de la cueva, las que permitieron a Emiliano Aguirre (padre de Atapuerca) y a Antonio Rosas posicionarse a favor de calificar los restos óseos como neandertales ya antes de que se iniciaran las investigaciones arqueológicas.

En el interior de la cueva trabajan este mes doce arqueólogos entre estudiantes y licenciados. La mayoría se ocupa en tareas de excavación en la Galería del Osario, donde en los últimos años se exhumaron más de dos mil fósiles. Otro grupo se ocupa de buscar nuevos conductos en las galerías superiores de la cueva con la finalidad de localizar el lugar por el que se introdujeron los restos. Esa tarea era desempeñada ayer por Paloma Suárez y Lucía Martínez, ambas licenciadas en Historia. Cuentan, además, con expertos en topografía clásica como Gabriel Santos, de la Universidad de Salamanca.

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