La Universidad echa un cable a Etiopía

Los integrantes del grupo de Altas Presiones de la Universidad de Oviedo, con su equipo informático. Foto: LNE

Los integrantes del grupo de Altas Presiones de la Universidad de Oviedo, con su equipo informático. Foto: LNE

El grupo de Altas Presiones de la Universidad de Oviedo ha enchufado Asturias con Etiopía. Varios miembros de este equipo, encabezado por el profesor José Manuel Recio, remataron hace unos días un proyecto de colaboración de dos años y medio para poner en marcha el primer centro de supercomputación del país africano, gracias a un programa financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. Los potentes equipos informáticos transportados desde España permitirán a sus colegas realizar cálculos complejos para diferentes disciplinas científicas. La acción solidaria revaloriza la actividad cotidiana de este colectivo de investigadores, situados en la élite como miembros de un gran consorcio nacional integrado por diez instituciones académicas y el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de su especialidad.

Eloy Méndez / La Nueva España

Los científicos asturianos entraron en contacto con los etíopes gracias al ingeniero químico ovetense Ignacio Villar y a la trabajadora aragonesa del CSIC Isabel Díaz, ambos con labores en la Universidad de Adís Abeba. «Nos explicaron que, en aquel país, la labor investigadora se encuentra en un momento incipiente, así que nos dimos cuenta de que podíamos echarles una mano», explica Recio. Por eso, el catedrático de Química Física decidió optar a una subvención del programa de cooperación interuniversitaria del Gobierno, que le fue concedida en pocos meses, para iniciar el único proyecto de colaboración académica de la región en territorio africano.

Tanto Recio como el joven químico langreano José Manuel Menéndez, integrante de su grupo, recibieron 15.000 euros en 2010 para realizar dos viajes hasta la capital etíope y entablar conversaciones para la instalación del equipo informático. Tras esta acción preparatoria, en 2011 consiguieron una segunda partida de 100.000 euros destinados a financiar la adquisición del material electrónico y libros, que transportaron desde España en avión. «Pasamos una odisea en la aduana para que nos dejaran meter en el país todo lo que llevábamos. Estuvimos horas esperando», relatan.

Los primeros componentes de los equipos de computación llegaron al departamento de Química de la Universidad de Adís Abeba hace poco más de un año. Menéndez asumió la responsabilidad de instalarlos, en colaboración con un ingeniero de la empresa fabricante. También impartió un cursillo para formar en su manejo a los futuros técnicos. «La experiencia fue excelente. Cuentan con muy poco personal cualificado y con pocos medios, pero lo suplen con mucho trabajo. Todos se mostraron muy receptivos desde un primer momento», explica. A mediados de junio, los asturianos acabaron el informe con los resultados obtenidos.

A pesar de que las conclusiones son ampliamente satisfactorias, los químicos lamentan que los recortes se hayan llevado por delante buena parte de su proyecto. «En un principio, íbamos a contar con financiación para cuatro años, pero el Ministerio de Asuntos Exteriores ha suprimido las ayudas de buenas a primeras y apenas hemos podido desarrollar poco más de la mitad», subraya Recio. No obstante, está convencido de que el esfuerzo ha merecido la pena. «Estoy seguro de que los etíopes sabrán dar al equipo un uso adecuado para optimizarlo», sostiene. Además, los fondos recibidos permitieron que el joven Getachew Gizaw realizara una estancia de tres meses en Oviedo para preparar su tesis doctoral, dedicada al comportamiento de la quiastolita bajo presión.

Recio y su equipo pudieron llevar sus conocimientos a África gracias a la experiencia que han acumulado con un enorme equipo informático ubicado en la Facultad de Química, que ha realizado cerca de 600.000 cálculos durante los cinco años que lleva en funcionamiento. Este centro de computación fue financiado con fondos del programa gubernamental «Consolider» para el consorcio MALTA, integrado por especialistas en altas presiones de toda España, que se han dotado de la infraestructura necesaria para contar con un laboratorio de uso conjunto y repartido por cinco puntos de la geografía. «En nuestro caso, nos tocaron los equipos informáticos», explica el catedrático, que es el investigador principal de uno de los subgrupos del proyecto. Y un referente académico por cuadrar la ecuación perfecta entre ciencia y solidaridad.

Un equipo de expertos con numerosas investigaciones punteras a nivel internacional

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