Miralles: "El océano es la mayor caja de sorpresas para un investigador"

Laura Miralles acaba de sacar a la superficie un hallazgo revolucionario apenas cuatro años después de sumergirse de lleno en el estudio de la zoología marina. Esta joven bióloga ha descubierto el primer caso mundial de hibridación entre dos especies distintas de cetáceo, tras analizar los tejidos de un calderón que llegó a las costas gallegas en las redes de unos pescadores. La especialista ha corroborado, mediante las pruebas de ADN, que se trata de un ejemplar nacido de la reproducción entre uno de la variedad boreal y otro de la tropical.

Eloy Méndez / La Nueva España

«Se tenía constancia de coitos y de fetos, pero nunca antes se había registrado un animal vivo que sea producto de la mezcla entre diferentes tipos de ballena», explica la joven, que cuenta con una beca predoctoral «Severo Ochoa» del Principado para elaborar su tesis. «El océano es la mayor caja de sorpresas, con unas posibilidades infinitas para investigar», añade.

El descubrimiento de Miralles, que será publicado dentro de unos meses en la prestigiosa revista internacional «Plos One», confirma la capacidad de las dos especies de calderón («Globicephala melas» o boreal y «Globicephala macrorhynchus» o tropical) para culminar con éxito la reproducción. La investigadora, integrada en el área de genética del departamento de Biología Funcional, llegó a esta conclusión después de haber analizado decenas de restos de cadáveres de estos animales, casi todos varados en distintas costas españolas y que se conservan en bancos de tejidos o museos. «Mi labor consistió en realizar un análisis genético de todos ellos hasta que, por fin, encontré el primer caso de hibridación», dice.

Tras el éxito, esta madrileña que recaló en Asturias hace cuatro años para estudiar un máster impartido por la Universidad de Oviedo, se ha propuesto localizar con precisión el área oceánica donde la convivencia entre las dos especies de calderón habría propiciado la mezcla. «El boreal vive en aguas frías del norte de Europa, y el tropical, bastante al sur del continente; pero existe una amplia zona en la que se encuentran los dos, en la que está incluida la costa asturiana», asegura. «En mi descubrimiento, además de las horas de trabajo y rastreo, ha tenido que ver mucho la suerte. Se desconoce cuántos ejemplares híbridos pueden existir. Por eso, es interesante averiguar si existe algún lugar donde estén concentrados», añade, después de haber rastreado otros puntos del planeta, como la Polinesia.

La especiación del calderón o ballena piloto es sólo uno de los tres bloques de la tesis doctoral de Miralles, que tendrá rematada en menos de un año. La joven también estudia las posibles combinaciones dentro de la única especie de anjovas y la habitual hibridación que existe entre las ocho de merluza. «Al contrario de lo que ocurre con los mamíferos marinos, este tipo de mezclas son mucho más habituales en el caso de los peces, que se reproducen mediante huevos», apunta. No obstante, señala que la merluza autóctona de Asturias («Merlucius merlucius») se conserva intacta. «El resto de variedades vive muy lejos, así que es casi imposible que entren en contacto», explica la científica, que dio los primeros pasos en su especialidad tras realizar en Oviedo el máster «Erasmus mundus» sobre Biodiversidad Marina y Conservación, el paso previo a recalar en el grupo de la catedrática Eva García Vázquez, donde ha desarrollado toda su labor investigadora. Además, imparte clases de prácticas y forma parte de un colectivo de submarinistas que recaba datos obtenidos por otros colegas para llevar a cabo nuevas indagaciones oceánicas.

«Por el momento, estoy encantada en Asturias, aunque no descarto buscar otros horizontes cuando finalice mi beca dentro de un año», dice Miralles, consciente de la difícil situación que atraviesa el contexto científico en la región debido a los recortes. «Vivimos momentos muy complicados. Siempre hemos estado un paso por detrás de otros países europeos, pero los ajustes nos han dejado aún peor», sostiene. Aun así, no piensa renunciar a su vocación. «Sea donde sea, quiero dedicarme a la investigación. En su día, tuve la ocasión de irme al extranjero y decidí quedarme en España; pero si las cosas no mejoran haré las maletas, como han hecho muchos otros jóvenes de mi generación», afirma. «Si te gusta lo que haces y luchas por ello, siempre existe una salida», concluye con rotundo optimismo.

Apoyar a los jóvenes científicos. Laura Miralles tiene claro que España sufre un déficit crónico de ayudas a la ciencia, que se ha incrementado a raíz de los recientes recortes aprobados por las diferentes administraciones. «Al igual que muchos otros jóvenes de mi generación, estaría encantada de quedarme a trabajar en mi país, pero está claro que no lo haré si encuentro unas condiciones mejores», asegura la madrileña, nacida en 1984, que vive encerrada en un despacho del departamento de Biología Funcional para preparar su tesis doctoral. «En materia científica, hay que pasar de las palabras a los hechos. Quizás no sea el mejor momento para hacer reivindicaciones, pero lo que se pierde en poco tiempo cuesta muchísimo recuperarlo», añade, orgullosa de haber elegido un camino vocacional.

Laura Miralles López es licenciada en Biología, con especialidad en Zoología, por la Universidad Complutense de Madrid. Tras finalizar su carrera, se matriculó en el máster «Erasmus mundus» sobre Biodiversidad Marina y Conservación, impartido en la Universidad de Oviedo, conjuntamente con otras instituciones académicas europeas.

La joven es beneficiaria del programa autonómico «Severo Ochoa» de la FICYT (dos años de beca y otros dos de contrato) para realizar su tesis doctoral, que prepara en el grupo de la catedrática Eva García, perteneciente al área de genética del departamento de Biología Funcional.

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