Amador Menéndez: «El paso del prototipo al mercado es complicado»

Amador Menéndez refleja la luz de una linterna en varios cristales. :: ÁLEX PIÑA

Amador Menéndez refleja la luz de una linterna en varios cristales. :: ÁLEX PIÑA

Amador Menéndez Velázquez es doctor en Química y en la actualidad investiga en el Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias. Con anterioridad formó parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del Laboratorio Europeo de Radiación de Sincrotrón y del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Mañana, a las 20 horas, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, pronunciará la conferencia ‘La nanotecnología al servicio de la Humanidad’, organizada por el Rotary Club de Gijón.

Marco Menéndez / El Comercio

-El título de su conferencia puede dar para mucho. ¿Qué es lo que va a contar al público que asista?
-Hay que empezar definiendo la nanotecnología y después hablaré de su aplicación en tres campos: la salud humana, el desarrollo sostenible del planeta y las tecnologías de la información y la comunicación, en los que nos proporciona esperanzadoras soluciones a algunos de los problemas más grandes de la Humanidad.

-¿Cómo se puede definir la nanotecnología?
-Es una ingeniería a escala atómica y molecular. Átomos y moléculas son los ladrillos básicos a partir de los que es posible desarrollar nuevas estructuras con propiedades controladas y para fines específicos. Antes teníamos los materiales que nos brinda la naturaleza, pero gracias a la nanotecnología el abanico de materiales y estructuras es más amplio.

-¿La gente es consciente de todos estos avances científicos?
-Vivimos en una sociedad científico-tecnológica. ¿Cómo sería ahora el mundo sin internet, móvil o muchas medicinas? Lo cierto es que somos usuarios y no pensamos el desarrollo científico y tecnológico que hay detrás. Todo se desarrolla tan rápido que no nos da tiempo de pensar.

-Usted investiga en el Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias. Ahora se habla de cristales que pueden producir electricidad, de elementos con futuro como el grafeno… Avances que parecen de ciencia ficción…
-Precisamente yo investigo cómo depositar tintes fluorescentes en los cristales de las ventanas que permitan atrapar la luz del sol, reenviarla a sus extremos y producir electricidad. Es como tener una pequeña célula fotoeléctrica. Si esa tecnología llega al marcado, nos permitirá tener casas autónomas energéticamente.

-Pero, ¿lo veremos?
-Que pase de un prototipo al mercado es complicado. En los laboratorios ha habido potenciales embriones de grandes productos que no han llegado al mercado. Es lo que la Unión Europea llama el ‘Valle de la muerte’. Por ejemplo, las células fotovoltaicas, que aún no se han logrado imponer, datan de 1954. Tiene que ser bueno, bonito y barato. Si no es eficiente, no funciona. Con estos tintes, pretendemos desarrollar la eficiencia energética, pero a un menor coste.

-Habla de ese ‘Valle de la muerte’. Entonces, ¿es necesario implicar a las empresas en todo este desarrollo científico?
-Tiene que darse el trinomio ciencia-tecnología-empresa. Los científicos nos ocupamos de la parte más básica y detrás tiene que haber una empresa que crea en el proyecto y, por supuesto, inversores. Ese es uno de los grandes problemas, pero también puede haber intereses políticos y económicos.

-¿Como el fin de las ayudas a las energías renovables?
-Hay que tener en cuenta que el petróleo sigue mandando y pretenden frenar los usos de las energías limpias. Cuesta derrotarlo y hacer esa transición no es tarea sencilla.

-¿Y cómo es la situación en Asturias? ¿Más difícil?
-El paso del alboratorio al mercado no es solo un problema de Asturias, sino que es un problema en España y en toda Europa. La Unión Europea sacó el programa Horizonte 2020 para salvar el ‘Valle de la muerte’, pero solo hubo un país que tuvo éxito, que fue Alemania, que creó una industria tecnológica que les permite ser fuertes, generadores de valor añadido y que dan un impulso a la riqueza del país. Estados Unidos nos saca mucha ventaja, son unos grandes maestros. Europa va por detrás. Por eso es necesario buscar esa alianza Ciencia-Tecnología-Empresa. Los laboratorios asturianos no están respaldados, pero igual que en el resto de Europa.

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