Asturias presume de gusano marino

Andrés Arias y Nuria Anadón, en un laboratorio del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo. Foto: Luisma Murias

Andrés Arias y Nuria Anadón, en un laboratorio del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo. Foto: Luisma Murias

La fauna asturiana crece. Dos investigadores de la Universidad de Oviedo y otra australiana acaban de descubrir una especie de gusano marino en el litoral de la región, la primera perteneciente a su género que se encuentra en Europa. Este poliqueto habita a menos de 200 metros de profundidad y ha sido detectado en la plataforma costera, a una distancia de unos 20 kilómetros hacia el Norte de Avilés y Villaviciosa. Los científicos han bautizado al animal como “Mooreonuphis vespa”, por los anillos negros que circundan su cuerpo, similar al de las avispas. “Se trata de un hallazgo relevante porque aporta datos interesantes para el estudio de esta familia”, aseguran.

Eloy Méndez / La Nueva España

La reciente publicación de la descripción del gusano en la revista científica “Zootaxa” certifica oficialmente la existencia de esta nueva especie, la primera animal que se encuentra en Asturias en los últimos años. “Pensamos en llamarlo “Mooreonuphis asturica”, en tributo a nuestra región, pero después descartamos la idea porque corremos el riesgo de que, en un futuro, aparezca en otros lugares, lo que podría llevar a confusión”, confiesan la catedrática de Zoología Nuria Anadón y el investigador Andrés Arias, ambos pertenecientes al departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la institución académica asturiana y padres del descubrimiento, junto a Hannelore Paxton, de la Universidad Macquarie de Sidney.

El hallazgo se produjo casi por casualidad, cuando Arias revisaba en un laboratorio el material recopilado en varias campañas científicas realizadas en dos estaciones marinas asturianas. “Me percaté de que había restos de este animal y me lancé a investigar. Poco después, me di cuenta de que se trataba de algo nuevo para la ciencia”, explica el experto. Por el momento, tan sólo se han encontrado dos ejemplares y ninguno de ellos está ahora en las dependencias de la Universidad de Oviedo. Uno ha sido enviado al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, como obliga la normativa cada vez que se produce la descripción de una nueva especie en España. Y, el otro, está en Australia, donde está siendo comparado con otros similares que habitan en Oceanía.

“Existen otras especies de este género en otros lugares del mundo, especialmente en el Caribe, en Cabo Verde y en el Índico. Esta distribución geográfica nos lleva a pensar que, probablemente, se hayan dispersado a lo largo de los milenios, en paralelo a la separación de los continentes”, asegura Anadón. El poliqueto asturiano mide unos siete centímetros de largo y alrededor de 2 milímetros de ancho, tiene una coloración anaranjada y líneas transversales negras. Además, presenta numerosos salientes, similares a pequeñas patas, y un tipo de mandíbulas muy parecidas a las de otros ejemplares de la familia “Onuphidae”. Cuenta con antenas anilladas, donde están sus órganos sensoriales, y dispone de branquias simples. Aunque una de sus características más singulares es que vive permanentemente dentro de un tubo que fabrica en los sedimentos del fondo marino, donde pone los huevos y se crían las larvas, antes de abandonar este lecho parental para excavar su propio “hogar” en las proximidades. “Tiene un desarrollo directo, otro aspecto que resulta muy interesante”, añade Arias. Los investigadores aún no han podido aclarar si se trata de un animal sexuado o es hermafrodita.

“El hecho de que habite en estas condiciones ha podido dificultar su identificación hasta ahora, porque es muy raro encontrar nuevas especies a tan poca distancia de la costa, a diferencia de profundidades mayores”, sostiene Anadón. Los científicos también han demostrado que el gusano asturiano es un depredador que se alimenta de plancton y de otros pequeños organismos. A su vez, es devorado por peces de diferentes clases.

Además, creen que el animal es uno de los más antiguos de su grupo, cuyo origen se sitúa en el período Cretácico. “El descubrimiento de esta especie amplía el estudio de otras de su mismo género, que fue descrito en 1982, porque permite realizar comparaciones que faciliten avanzar en el estudio desde una visión más general”, dicen los dos asturianos que firman el artículo, que han dedicado varios meses a la identificación y posterior descripción de los ejemplares que llegaron a sus manos. Tarea minuciosa y que exige comprobaciones y análisis bibliográficos.

“Una especie animal no se descubre todos los días. Evidentemente, sólo se consigue con trabajo de campo y no tirando de manuales. Por eso, alcanzar estos resultados siempre es una satisfacción personal y profesional”, destacan Anadón y Arias, que alternan el laboratorio con sus salidas para recoger muestras. “Esperamos encontrar más ejemplares para conocer más sobre este gusano”, rematan estos dos expertos, encantados de presentar en sociedad a un “asturiano” que lleva siglos en la región.

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