Atapuerca también ayuda a desentrañar el misterio de la tolerancia a la lactosa

Los primeros pastores ibéricos no tenían la mutación genética que permite asimilar la leche. El análisis de su ADN debilita la hipótesis dominante sobre la asimilación del calcio y apunta al hambre como factor de selección.

Atapuerca sigue dando pistas sobre la prehistoria y la evolución de los humanos. Esta vez para ayudar a esclarecer porqué la leche, indigesta salvo para los lactantes, empezó a dejar de serlo para un creciente número de individuos. Un equipo internacional de investigadores ha analizado el ADN de restos humanos del yacimiento burgalés buscando la presencia de la mutación genética que permite la tolerancia de la lactosa a los adultos. No la encontraron. Esta ausencia debilita la principal hipótesis sobre el surgimiento de aquella tolerancia y suscita nuevos interrogantes.

A pesar de su centralidad en la cultura occidental, la leche le sienta mal a casi el 70% de la población mundial. Sólo entre los europeos (y los que descienden de ellos), en la India y entre algunas poblaciones de pastores de Oriente Medio y África, la mayoría de la población es tolerante a la lactosa, el principal carbohidrato lácteo. De hecho, son la excepción desde un punto de vista evolutivo. En el pasado, los que podían beber leche sin tener flatulencias, hinchazón de estómago o diarreas debían ser una minoría.

La lactosa es el principal nutriente de la leche. Su concentración en la humana es de las mayores de todos los mamíferos. Para metabolizarla, los lactantes cuentan con la lactasa, una enzima intestinal que disocia sus componentes (glucosa y galactosa) para que el organismo los pueda absorber y convertirlos en energía. Pero, tras el destete, el gen encargado de expresar la lactasa deja de hacerlo. Así es ahora y así era a comienzos del Neolítico, hace como mucho 10.000 años.

Sin embargo, en diferentes partes del mundo y en diferentes momentos del Neolítico, una mutación genética llevó a la persistencia de la lactasa más allá de los primeros años de vida. Registros arqueológicos y análisis genéticos muestran una coincidencia temporal y espacial entre la aparición de esta persistencia y la domesticación de varios animales que daban leche, como cabras, ovejas o vacas. Pero, ¿para qué seguir tomando leche?

En el caso europeo, el más estudiado, la postura dominante para explicar que pasó es la llamada hipótesis de la asimilación del calcio. La leche es muy rica en este metal básico para el desarrollo óseo. Pero para su absorción y fijación se necesita también vitamina D. Su principal fuente es la acción del Sol. La radiación ultravioleta, al incidir sobre la piel , convierte el 7-dehidrocolesterol, una molécula presente en las células de la piel, en calciferol, es decir vitamina D. En el norte de Europa, con la mayor prevalencia de la mutación genética, la ausencia de radiación solar habría sido compensada por la presencia nada despreciable de esta vitamina en la leche. Pero en otras latitudes más soleadas, como España, la hipótesis de la asimilación del calcio parecería innecesaria .

Para contrastarla, investigadores suecos, británicos, franceses y españoles han vuelto a mirar a Atapuerca, en concreto al yacimiento del Portalón, en la entrada de la Cueva Mayor. Buscaron en el ADN de ocho individuos que, hace unos 3.800 años, ya se dedicaban al pastoreo, por lo que presumiblemente tenían derivados lácteos entre su dieta. Sin embargo, en ninguno de ellos se encontró la variación genética que permite la persistencia de la lactasa. [...]

Vía Materia. Autor: Miguel Ángel Criado.

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