Bicicleta para ir a trabajar

Bicicleta para trabajar: todo son ventajas. Foto: Jordan Fischer

Foto: Jordan Fischer

Reduce la contaminación, mejora la salud y el rendimiento laboral y ahorra tiempo y dinero.

Las bicicletas no solo son para el verano, también para ir al trabajo. Gracias a ellas, sus usuarios reducen la contaminación y el tráfico de las ciudades, mejoran su estado de forma y su rendimiento laboral, y ahorran tiempo y dinero. Pero antes de ponerse a pedalear, conviene seguir unos cuantos consejos para evitar posibles problemas. La concienciación es esencial para promover la bicicleta como medio de transporte laboral: los ciudadanos tienen que hacer ver esas ventajas a instituciones y empresas, para eliminar las posibles dificultades.

Menos contaminación: la bicicleta no necesita gasolina y, por ello, evita su impacto ambiental y la dependencia energética. En la actualidad, uno de los principales culpables de la mala calidad del aire en las ciudades es el coche, en especial los modelos diésel. La contaminación acústica también se reduce al circular en bici.

Mejora la salud personal, laboral y urbana: hacer ejercicio es saludable y coger la bicicleta a diario puede ayudarnos a estar en buena forma. Desde la ONG británica Sustrans, dedicada a ofrecer a los ciudadanos medios de transporte ecológicos y solidarios, aseguran que un usuario de bicicleta vive de media dos años más y se siente diez años más joven que una persona sedentaria. Con una buena condición física, la sensación de bienestar se incrementa, se reduce el estrés, se duerme mejor y, por tanto, el rendimiento en el trabajo aumenta.

Las ciudades también mejoran su “salud: la circulación por sus “arterias” es más fluida si se cambian coches por bicicletas. Se estima que un automóvil necesita un espacio para aparcar similar al de diez bicis. Por su parte, el transporte público puede ofrecer un mejor servicio.

Ahorro de tiempo y dinero: diversas pruebas comparativas entre los diferentes medios de transporte urbano indican que la bicicleta es el más rápido. Los embotellamientos habituales de las horas punta se sortean más fácil, en especial si se pedalea por los cada vez más numerosos carriles-bici de las ciudades.

Si se sustituye el coche privado por la bicicleta, o si al menos se reduce su uso, el ahorro económico puede ser considerable. Por unos 150 euros, se puede tener una bicicleta decente, mientras que un coche de gama baja cuesta unos 7.000 euros. Después vienen otros gastos como el combustible, el seguro, el impuesto de matriculación, garaje o tarjeta de aparcamiento, revisiones, etc., que pueden ascender a 5.000 euros anuales y que la bicicleta no tiene. Ésta cuenta con unos gastos de mantenimiento mínimos, aunque tampoco se pueden olvidar, como frenos, engrase, etc., si bien las personas un poco manitas pueden realizarlos ellas mismas en casa. El gasto en transporte público también desaparece si se va sobre dos ruedas al trabajo.

La bici permite además ganar tiempo, al realizar dos actividades (hacer deporte y desplazarse), y dinero, ya que de esta manera no hace falta apuntarse a un gimnasio. En el blog Enbicipormadrid.es calculan un beneficio anual superior a mil euros. [...]

Vía Consumer. Autor: Alex Fernández Muerza.

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