Cenizas volcánicas, esas importaciones islandesas

Nube del volcán Grímsvötn

Nube del volcán Grímsvötn. Foto: Jóhann Ingi Jónsson

De nuevo asistimos a una erupción volcánica en Islandia, con consecuencias potencialmente peligrosas para la navegación aérea en Europa. Esta vez, afortunadamente, el nombre del volcán se puede pronunciar: Grimsvötn. Pero, aunque la nube de cenizas no parece tan extensa en esta ocasión, vuelve la inquietud. ¿Habrá que cerrar el espacio aéreo europeo? Por si las moscas, algunos barcelonistas ya se están replanteando su viaje a Wembley.

La solución al problema no es sencilla. Parece que baste con echar un vistazo a las fotos por satélite, preguntar a los meteorólogos por dónde va a soplar el viento, y cuestión resuelta. Eso ayuda, por supuesto, pero no nos da información sobre la densidad de la nube, su altura, composición o concentración. Esto último resulta especialmente importante, ya que nos indicará si los aviones pueden volar con seguridad.

El principal problema debido a los aerosoles atmosféricos como polvo y cenizas, en lo relativo a un avión, está en los motores. Si entran partículas extrañas, las altas temperaturas en el interior de los motores a reacción las funden; se adhieren en zonas donde no debe haber partículas, y pueden en casos extremos impedir el funcionamiento del motor. Cuántas partículas, y de qué tipo, puede aceptar un motor de avión depende de muchos parámetros, como el tiempo de vuelo. Hay otros problemas potenciales, como el bloqueo de los instrumentos sensores, fallos en los sistemas neumáticos o eléctricos, problemas de comunicación y falta de visibilidad.

Durante la crisis de 2010, prácticamente no había protocolos de actuación ante la presencia de ceniza volcánica, salvo la evidente: en caso de erupción, no volar. La nube del volcán innombrable obligó a establecer límites más o menos arbitrarios. Desde entonces, hemos avanzado. Justamente el pasado mes de abril, la Organización Internacional de Aviación Civil (ICAO) llevó a cabo un gran ejercicio de prueba para simular una crisis debida al … volcán Grimsvötn. ¡Qué puntería! Está claro que lo venían venir.

Desde diciembre de 2010, la ICAO establece tres zonas, en función de la concentración de cenizas:

- Zona de concentración baja: inferior a 2 miligramos por metro cúbico de aire
- Zona de concentración media: entre 2 y 4 miligramos/m3
- Zona de concentración alta: superior a 4 miligramos/m3

En función del tipo de concentración, los Estados Miembros y las aerolíneas establecen los mecanismos de vuelo, y si es necesario se delimitan zonas de peligro. En general, los aviones podrán volar siempre en zonas de concentración baja; cuando la concentración es media, las aerolíneas deberán garantizar que sus aviones están preparados para esa circunstancia. Con concentración alta, se decidirá según el caso, y no siempre los criterios de aerolíneas y controladores coinciden. [...]

Vía Amazings. Autor: Arturo Quirantes.

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