Charles Duke: “La luna es el desierto de los desiertos”

Charles M. Duke. Foto: Claus Ableiter.

Charles M. Duke. Foto: Claus Ableiter.

El astronauta de la NASA, piloto de la misión lunar Apollo XVI, Charles Duke, ha estado en Madrid promocionando la exposición “La Aventura del Espacio” que hasta el próximo 15 de junio ocupará el pabellón 12 del reciento ferial de la casa de campo. En su conferencia ante un fascinado público describió, no sin dosis de humor, cómo fueron los primeros pasos del ser humano por la superficie de la luna, los sacrificios que debe soportar un viajero espacial y los peligros que encierra, todavía hoy, salir al espacio exterior.

“El espacio es enfermedad y peligro, envuelto en oscuridad y silencio”. Esta frase pronunciada en una de las sagas galácticas cinematográficas más celebrada, podría haber sido dicha en realidad por el astronauta de la NASA, Charles Duke, para definir lo que supuso el viaje a la luna.

En su conferencia, ante un expectante público, compuesto por estudiantes, profesores universitarios, físicos, geólogos, aficionados y curiosos, llegados de varias provincias de España, Charles Moss Duke (Charlie), piloto de la misión lunar Apollo XVI, contó sus experiencias tras haber participado en 5 de las 7 misiones Apollo, que tuvieron por objetivo poner a un ser humano en la luna. Duke fue la voz que guió a Neil Armstrong y Edwin Aldrin, en el modulo de descenso del Apollo XI hasta la brillante superficie lunar, cuando apenas les quedaban unos segundos de combustible, desde el centro de mando de comunicaciones de Houston; pilotó el Apollo XVI y fue tripulante suplente de la fallida, y también cinematográfica, Apollo XIII.

“Todos en Houston estábamos callados y pálidos como muertos”, recuerda el astronauta. “El minuto previo al aterrizaje del Apollo XI fue muy intenso porque la nave estaba aterrizando en un lugar donde no estaba previsto y sólo les quedaba combustible para un minuto más. Cuando el comandante Armstrong confirmó el aterrizaje (en el mar de la tranquilidad) fui incapaz de repetir tranquilidad y dije trancuilidad”.

En aquellos dramáticos momentos, la responsabilidad de la transmisión de los datos hasta Houston recayó en la estación de seguimiento de Fresnedillas de la Oliva, a la que los norteamericanos siempre se refirieron como estación de Madrid.

Luis Ruiz de Gopegui era entonces el director del complejo, y afirma que la cantidad ingente de trabajo de aquellos días no les dejó disfrutar del momento del alunizaje “no éramos espectadores de televisión que estaban delante con una botella de cerveza. Teníamos que retransmitir los datos biomédicos de los astronautas que nos llegaban desde la nave. Recibíamos 8 datos de cada astronauta. Toda la telemetría, cuanto combustible quedaba, la temperatura del modulo… Yo particularmente no me di cuenta de la trascendencia histórica del momento… Eso lo comprendes ahora, 40 años después”.

72 horas en la luna

La llegada al objetivo de la misión, fue tan intensa como disfrutar de la Tierra desde el espacio. El astronauta de la NASA describió con el brazo estirado, casi como si pudiera volver a tocarlo, el suelo por el que caminó y condujo el coche lunar de la misión.

“La luna es realmente maravillosa, es el desierto de los desiertos. Casi toda su superficie es de color gris, y cuando el sol brilla, refleja mucha cantidad de luz, y si miras hacia arriba no se pueden ver estrellas sólo la oscuridad del espacio. En las zonas de sombras la oscuridad es tan intensa que parece que puede tocarse”. [...]

“Ahora se podría ir a la Luna, a Marte, pero depende de decisiones políticas, no de otra naturaleza. Aquella fue una gran aventura humana. Aprendimos mucho, aprendimos mucho sobre tecnología, y toda esa tecnología es la que, para bien o para mal estamos disfrutando hoy en día”.

Vía eCiencia. Autor: Javier San Martín.

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